7/05 - Un misterio menos.

Se escuchó un fuerte estruendo que llamó la atención de Abelardo. El sonido había venido desde atrás de su casa y no dudó en ir a chequear. Al salir por atrás, vio a su vecino caminar por el patio. El vecino de Abelardo comenzó a dirigirse hacia él con un revolver en la mano, le faltaba un zapato y estaba bañado en sangre. Se acercaba de a poco al zaguán, tambaleándose y a punto de caer. A medida que se aproximaba, Abelardo hizo una serie de observaciones que cambiaron por completo el juicio que se venía formando en su cabeza. No era sangre lo que había en la ropa de su vecino, era pintura roja. Tampoco era un revolver, era un pincel, y el estruendo no había sido otra cosa más que una escalera que había caído, junto con su vecino, quien pintaba la parte más alta de la casa.

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