20/05 - El reino sin reflejos.
El rey se miró al espejo para cerciorarse de su exquisito buen vestir y no sólo vio reflejada sus ropas sino que también se vio a él mismo. Se vio triste y cansado, con arrugas y pálido, desganado y con los ojos casi cerrados. Se vio jorobado y un tanto más bajo, con pelo blanco y casi pelado. El Rey pudo ver en lo que se había convertido, y no le gustó. Ese día, el día en que su majestad fue conciente de su avanzada vejez, tomó una excéntrica decisión. Mandó a destruir todos los espejos de su reino. No obstante, eliminó también todo aquello que podía llegar a manifestar su vejez. Incluso hizo secar los lagos y los ríos. Hasta se rebajó a esconder su corona, sus anillos y su reluciente riqueza. El último día de su vida, cuando estaba muriendo, murió sabiendo que le había escapado al tiempo.
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