31/12 - El fin.

La prohibición momentánea con promesas de un pago ofrecido a futuro (dentro de esta vida) en respuesta a una acción bien realizada, es la definición del incentivo que yo mismo me he impuesto. La autoflagelación a la hora de impedirse gustos u obligarse a ellos, relacionado a la promesa de tenerlos en abundancia ni bien se realiza lo propuesto como objetivo, es el merecido pago de un trabajo bien realizado. Me prohíbo, me obligo, para luego disfrutar del logro. Soy estricto conmigo mismo, para después pagarme y entenderme como bien pagado por un trabajo que yo mismo me impuse, a raíz de una investigación basada en descubrir si podía hacerlo o no. Es por ese motivo que ahora, después de haber completado los 365 cuentos de las 150 palabras diarias, me doy como bien pago con este exceso de una palabra. Mil gracias por leerme y muy felices fiestas para todos.

30/12 - La máquina del tiempo.

La máquina que permitirá en un futuro viajar hacia algún pasado, o hacia este presente, podría usarse para corregir los errores de este presente o de nuestro pasado, y hacer las cosas bien. Obviamente que la máquina del tiempo también podría usarse para beneficio de algunos pocos y arruinarle la vida al resto. Es sabido, además, que el futuro no es la época que estamos viviendo sino otra que existe a miles de años delante de la nuestra y, en ella, seguramente ya se inventó la máquina del tiempo. Teniendo en cuenta que nuestros hijos del futuro no han interferido en este presente o en algún pasado cercano para corregir los errores de sus antepasados -nuestros errores- puedo afirmar que la máquina del tiempo ya se ha usado para hacer el mal y generar beneficios en algunos pocos. Lamento informarles que el mal, ganó hace rato la guerra del tiempo.

29/12 - La vida después de la vida.

Sorpresa la mía cuando instantáneamente después de morir, me encontré saliendo desde adentro de un viscoso y húmedo lugar, para darme cuenta luego que ese lugar era la panza de una gorila que segundos después terminó siendo mi nueva madre, la que me alimenta y me saca las pulgas. Como ustedes notarán, estoy encerrado en el cuerpo de un gorila, plenamente consciente de mi vida pasada, lo que me permite contarles mi experiencia y hacer un importantísimo aporte a la humanidad sobre la vida después de la muerte. Al nacer, no sólo he reencarnado en el cuerpo de un animal salvaje, refutando todas las profesadas especulaciones de la religión cristiana, sino que también he involucionado miles de años, convirtiéndome en la prueba viviente de la teoría Darwiniana. Aunque obviamente soy una excepción a la regla de la sabia naturaleza, me alegro de ser el único humano consciente de su reencarnación.

28/12 - Cualidades del agua de mar.

El agua dulce goza de un adjetivo calificativo no merecido que me imagino, viene a querer diferenciarse del agua salada. El agua de los ríos, de las lagunas o de los lagos, más que dulce, es insípida. El agua de los mares, en cambio, es tan salada como su calificativo lo indica. El agua de mar es sincera en sus cualidades tal como lo es el Loco Faranelli, cuyo calificativo precede el nombre propio y se empeña en definir su personalidad antes de que puedan juzgarlo. No como el conocido loco Gutiérrez o el loco Domínguez que tienen de loco, lo mismo que tiene de dulce el agua dulce. El loco Faranelli era loco en serio. Incluso era tan loco, que creía dulce al agua dulce, y tomaba agua salada por ser diabético. Algunos dicen que fue la sal de mar lo que le concedió el adjetivo que le precede.

27/12 - Merecer.

Existió una sociedad regida por el merecer. Cada acto de una persona era analizado en grados de bondad y maldad. De acuerdo al acto, se entregaba un castigo o un deseo. Si la persona hacía el bien, ayudarle a cruzar la calle a un ciego, por ejemplo, se ganaba un “Deseo de Clase A” que no era gran cosa. Le seguían los “Deseos de Clase B”, “C” y así sucesivamente hasta los de “Clase Z” que se lo ganaba quien hacía un acto de inmensa bondad. En este último caso, el premio concedía cualquier tipo de deseo. Lo mismo sucedía con los actos de maldad, los cuales merecían castigos que iban de la “Clase A” a la “Z”. Un día, un buen hombre descubrió el error del sistema. Se las arregló para hacer un acto de inmensa bondad, ganarse el cumplimiento de cualquier deseo, y utilizarlo para desear el mal.

26/12 - Así es el pasado en el futuro.

Ya nada tenía contenido. Todo era una fachada. No quedaba absolutamente nada que no sea simplemente un efecto especial, una mentira que se deshacía en la mano. Así era la gente en el pasado, mis queridos alumnos. Así de triste eran las cosas, así de triste era la gente y la vida en el pasado, donde todo embase carecía de relleno, en especial las personas, a las que no se les conocía más contenido que el de los mortales órganos. En la cabeza tenían un inútil cerebro que servía únicamente para ocupar lugar puesto que si no hubiese estado ahí, era lo mismo. Todo era vacío en el estado más puro. Había cientos de fábricas de mentiras maquilladas que estaban demasiado lejos de incentivar, de generar un contenido, de llegar a lo que hoy llegamos. La estupidez reinaba sobre las sociedades y sólo había colores y formas lindas, pero vacías.

25/12 - La felicidad de Sirfredo.

Las personas tienden a vestirse con la piel del los otros, de sufrir lo que sufren los otros y algunas pocas veces, a disfrutar del disfrute de los otros. Tal es el caso de Sirfredo que disfruta de la felicidad de los demás y se olvida de sufrir los sufrimientos ajenos. Sirfredo tiene una increíble capacidad de selección y descarte que le ayuda a menospreciar el sufrimiento de los demás y concentrar su atención en la felicidad ajena. Es feliz cuando las personas que lo rodean son felices. Esa es una gran virtud y una muy buena forma de vivir la vida, pero el problema de Sirfredo, radica en que nunca fue feliz por si mismo. Su felicidad se basó en encontrar la felicidad en los demás y no en su propia persona. Sirfredo se dio cuenta del error hace poco, y ahora busca la felicidad en la desgracia ajena.

24/12 - La religión de las religiones.

Existe una religión que crea nuevas religiones todos los meses. Extrañamente, la religión se basa en inventar una religión mensual y practicarla fielmente durante todo el mes, hasta que llegue el momento de inventar otra religión y practicarla con la misma devoción y fe que la anterior, y la anterior, y la anterior. Obviamente, para evitar que la religión desaparezca por completo perdiéndose entre la enredadera de nuevas creencias, rituales, obligaciones y prohibiciones, la religión que crea religiones todos los meses, tiene dos mandamientos únicos e inviolables que consisten en que a la nueva religión inventada, se le asignen esos dos únicos mandamientos que existen desde que se creó la religión que crea religiones mes a mes. Uno de los mandamientos es, simplemente, crear una religión mensual. El otro mandamiento es que esa religión creada, tenga obligadamente el mandamiento de volver a crear una religión ni bien termine el mes.

23/12 - La habitación infinita.

La habitación es tan grande que incluso el sol no tiene el poder suficiente para llenarla de luz. Dentro de la habitación hay una silla, el único mueble en el inmenso espacio infinito que no puede ser llenado por la luz del sol. A los pocos kilómetros de la ventana, comienza a reinar la espesa oscuridad. No se alcanza a ver el techo y no se ve ninguna pared a excepción de la pared donde está ubicada la ventana. El piso es de madera, sobre el piso está la silla, sobre la silla hay un cuerpo, sobre el cuerpo hay un almohadón, sobre el almohadón hay un perro, sobre el perro, algunas pocas pulgas que yacen muertas de sed, sobre un perro muerto de hambre, sobre un cuerpo muerto de aburrimiento, sobre una silla quieta, solitaria, en medio de una habitación infinita que no puede ser llenada por el sol.

22/12 - Podría haber sido peor.

Estoy pasando un muy mal momento y no puedo más que contentarme con el clásico “podría ser peor”. También uso esa otra que dice que “hay gente que está peor”. Traté de convencerme con esas verdades pero sabía que eran una gran mentira. No puede ser peor de lo que está siendo, ni tampoco hay gente que la esté pasando peor de lo que yo la estoy pasando. Podrán ustedes juzgarme, si quisieran, con algún adjetivo calificativo que resalte mi egocentrismo, pero eso no me importa. No soy el pupo del mundo pero sí sé y estoy seguro de que cada uno la pasa mal a su manera y todos, le damos desmedida importancia a nuestros males. Para algunos, el problema que les quita el sueño, es no poder llegar a fin de mes. A mí, el problema que me desvela, es el robo de uno de mis siete autos.

21/12 - Adrenalina.

La vida sin límites puede llegar a ser fácil, excesivamente ostentosa y aburrida. Por eso existe la ley, para que las personas puedan ser felices al incumplirla. Están equivocados los que piensan que quienes no respetan las leyes lo hacen por maldad o rebeldía. Sepan ustedes que Martín incumple la ley simplemente para divertirse, para sentir la sensación de libertad que siente al romper un candado y entrar por una puerta sobre la que se lee “Prohibido el Paso”. A Martín le gusta sentir la sensación que se siente al subirse a un auto ajeno y alejarse al galope, perseguido por la justicia. Martín no necesita robar el auto y se lo apropia únicamente para disfrutar de la adrenalina que emerge de los poros al romper una regla. Él es feliz cuando roba, cuando estafa y cuando asesina. Por eso hay que cuidarse de las personas que quieren ser felices.

20/12 - Vos sos mi dios.

No necesito de un dios si vos estás a mi lado, cumpliéndome los deseos. No necesito un dios si te tengo a vos, abrigándome cuando hace frío, alimentándome cuando tengo hambre, dándome de beber cuando tengo sed. Para qué necesitaría yo un dios si te tengo a vos, la más misericordiosa de todas las mujeres, la que me cuida y protege cuando estoy en peligro, la que me calma con su presencia cuando me despierto de un mal sueño. No, no necesito un dios si estás vos, castigándome por mis errores y obligándome a las más molestas penitencias. Para qué necesitaría yo un dios si te tengo a vos, cargándome de culpa por todo lo que hago, castigándome por todo lo que hago, condenándome por todo lo que hago y que, casualmente, es lo que me gusta hacer. Para qué necesitaría yo un dios si te tengo a vos, limitándome.

19/12 - No correspondido.

El ser humano piensa que por el simple hecho de amar a alguien, merece ser amado. Esa es la historia de millones de personas que, por ingenuos o por esperanzados, piensan merecer el amor de la persona que aman, sencillamente porque la aman. Piensan que amar, es un sentimiento que amerita ser amado por la otra persona. También están las personas como Idiosincrasio que, en vez de llorar por el amor no correspondido, hizo las mil y una para conquistarlo y terminó dándose cuenta de que luchar para enamorar a la persona que uno ama, no es un acto meritorio de amor. Al menos no es suficiente. Las cosas, a veces, simplemente no suceden. Por más empeño que le pongamos, no suceden. Las ganas, la perseverancia, la constancia y la fe en un resultado, la mayoría de las veces, no sirven de nada. Menos si uno es feo, como Idiosincracio.

18/12 - Verdura mágica.

El final es inevitable y justamente por eso, fácilmente predecible. El final es, entonces, la muerte, que es común a todos los hombres y lo único absolutamente seguro para todos, excepto para Rogelio Gutiérrez, el verdulero de la esquina que, extrañamente, siempre tiene el mismo rostro joven y el mismo espíritu jovial, incluso en las mañanas. Según mi padre, que no sabe mentir, su padre, o sea, mi abuelo, que tampoco sabía mentir, escuchó alguna vez de la boca de su padre, o sea mi tatarabuelo, que Rogelio Gutiérrez vive desde que mi familia emigró a este país y levantó su rancho en esta cuadra. Indudablemente Rogelio es inmortal, o bien, tiene una salud envidiable que le permitió ver morir a dos saludables generaciones de vecinos. Según mi papá, Rogelio logró la inmortalidad a base de espinacas y, dos veces por semana, me alimenta con esa asquerosa verdura mágica hervida.

17/12 - Estudio del más allá.

Mi hipótesis se basaba en que la muerte era la única acción que responde la pregunta que intriga a la humanidad desde sus comienzos y, ante la curiosidad y la entrega laboral que me caracteriza, procedí al suicidio. La teoría fue comprobada. Habiendo ya abandonado mi cuerpo al instante mismo en que el proyectil impactó sobre mi cabeza, estudio ahora el fantástico mundo del más allá. Cuando finalice mis artículos, concentraré todos mis esfuerzos en responder a la pregunta que intriga a los habitantes de este mundo, puesto que aquí, para pasar hacia el también llamado “otro lado”, no sirve una simple bala o un atrevido salto al vacío, principalmente porque tales cosas no existen. No hay armas. No hay altura. No sirve de nada matarse porque no hay forma de morir cuando uno ya está muerto. No hay forma de morir en la muerte para volver a la vida.

16/12 - Siestita de verano.

La tarde estaba nublada y aproveché para descansar de las faenas matutinas en una clásica siestita de verano. Ese día, todos los sonidos relajantes de una siesta hicieron música para mis sueños y no tardé en caer en una tranquila y profunda relajación. Cerré los ojos junto al poder adormecedor del ruido de mi ventilador de pie e instantáneamente, le siguió el golpear de unas tranquilas gotas de lluvia sobre el techo de chapa. Me quedé dormido mientras el agua acariciaba el vidrio de la ventana. Desperté al otro día, a la mañana temprano. La primera sensación fue una extraña culpa por haber perdido medio día de trabajo pero, inmediatamente, la preocupación fue suplantada por una grata sensación de alegría. Sentía mis maltratados músculos totalmente relajados, como si no los tuviera. Al levantarme de la cama, mi cuerpo se quedó durmiendo en ella, solo, abandonado, putrefacto en el mundo terrenal.

15/12 - Jardincito de vampiros.

Antes de salir a sembrar el pánico, beber la sangre de algunos fieles y guardar un poco para alimentar a sus hijos, los padres vampiros dejan a los vampiritos en la única guardería de vampiros perfectamente oculta a las afueras del pueblo. Junto con los niños, también dejan su valijita con pañales y las mamaderas llenas de sangre que las maestras calientan a la hora de la cena. Los niños se divierten toda la noche junto a las seños que comienzan a enseñarles, muy sutilmente, las ancestrales técnicas de alimentación y subsistencia de la raza. Luego, a media madrugada, las amorosas asesinas de la noche leen las historias más tenebrosas para que los vampiritos duerman una siestita y después, se despierten más activos para seguir jugando y haciendo dibujos de gente muerta e iglesias en llamas. Al final de la noche, los padres, repletos, pasan a retirar a sus hijos.

14/12 - Cadenas.

Arrastro mis cadenas por las noches mientras deambulo sin motivo ni destino. Se siente de lejos andar mi cuerpo grisáceo al que todos le temen y yo, jorobado del cansancio, resignado ante la condena, aúllo. Bramo, chillo, grito endiabladamente de pena. Se siente de lejos sonar mi garganta grisácea a la que todos le temen y yo, sufriente, deambulo. Sin ir a ningún lado camino por todas partes y atravieso paredes arrastrando los pecados que me atan al pasado, arrastrando las ruidosas cadenas a las que todos temen. No los culpo, yo también huiría si me enfrentara a un cuerpo muerto de transparente gris, jorobado de pena, aullante y doliente, atado eternamente a sus culpas. Yo mismo me doy miedo. Me aterroriza lo que fui y se me hace un nudo en la garganta al no poder dejar de serlo. Ahora, muerto, sigo asesinando inocentes, acumulando más y más cadenas.

13/12 - La mejor idea.

Marta le había prestado el álbum de fotos del reciente casamiento donde también estaban las felices imágenes de la luna de miel, para que las mire tranquila en su casa. Susana debía devolverle el álbum al día siguiente. Habiendo ya mirado las fotos mientras tomaba mate, apoyó el álbum al costado de la cocina donde estaba calentando la pava y en un descuido, mientras miraba la novela, el viento acercó las llamas de la hornalla hacia el álbum y cuando sintió el olor a quemado, el fuego ya había consumido las fotos y los negativos. A continuación, las ideas de Susana en orden de aparición: Generar un incendio en toda la casa, matar a su amiga y al esposo, incendiar la casa del matrimonio, matar también a las familias de los recientemente casados, irse del país, volarse la tapa de los sesos. Las ideas, también siguieron un orden de ejecución.

12/12 - Pesca exótica.

La tripulación estaba formada por el capitán del barco, dos ayudantes y cuatro millonarios excéntricos entre los que me cuento. Luego de dos meses de navegación y habiendo llegado a la costa de una pequeña isla virgen, nos dispusimos a prepararnos para la pesca exótica que repetíamos año a año y que con el tiempo, se fue convirtiendo en una competencia cuyo premio, además de las presas, consistía en una gran suma de dinero. El año anterior me había hecho con el pozo, habiendo pescado o cazado, como quieran llamarlo, la grata suma de tres sirenas, todas ellas morochas. Pero éste año fue muy distinto. Trágicamente distinto. La belleza de una de las víctimas me cautivó apenas la vi. Fue amor a primera vista. No pude matarla ni mucho menos, permitir que mis amigos, asesinos ellos, lograran atraparla. Tuve que tomar una decisión rápida. Me puse a cazar millonarios excéntricos.

11/12 - Qué hubiese sido.

Qué sería de mi vida si nunca hubiese escuchado esa canción. Que triste que hubiese sido. O sin el final de ese libro. Mi vida seguramente no sería ésta que es, sin el final de ese libro. Nada sería en mí, lo que ahora es. Si mi madre no me hubiese retado ese día, si no hubiera tenido los amigos que tuve, mi vida no sería para nada parecida a lo feliz que es mi vida. A lo mejor, podría haber sido más feliz, pero eso no hubiese sido perfecto como ahora. Se habría excedido y todos sabemos lo que pasa con los excesos. Si el exceso de tristeza es malo, imagínense lo increíblemente malo que puede ser empacharse de felicidad. Si el final de ese libro hubiese sido mejor de lo que fue, o si ese órgano hubiese durado un poco más, seguramente estaría muerto. De felicidad, pero muerto.

10/12 - Un poco de buena música.

Me encantaría poder sentir esa lluvia todo el tiempo, tan tranquila y rítmica. Lluvia constante y calmada, sin prisa. Lluvia de verano, bonachona, divertida. Gris y paradójicamente feliz. Escuché la base del órgano detrás de la lluvia. La música acompañaba su estilo. Cuando la percibí me di cuenta que ya la había escuchado antes, muchas veces, pero nunca le había prestado la atención merecida. Fue un momento tan puro que en mis oídos empezaron a crecer las flores de la primavera. Que tan perfecto que fue durante todo el tiempo. Luego la música bajó y se siguió escuchando la tormenta. Por un momento estuve triste porque la base de las gotas que caían sobre el redoblante era adictiva, pero después me recuperé. Seguí disfrutando de la tranquilidad de la lluvia gris y alegre de las mansas tormentas de verano, que nos abrazan con sus gotas, que nos acarician la cara.

9/12 - No nos despidamos, Marcela.

Monté sobre mi cebra voladora, pasé a buscar a Marcela y nos fuimos trotando hacia el cielo. Nos desnudamos en las nubes y nos arrastramos tal víbora sobre las pompas de pan de azúcar. Recogimos los frutos del viento. Comimos de la nada hasta engordar, hasta empacharnos de color gris tormenta. Nos bañamos desnudos en lloviznas vergonzosas, pudorosas de vernos vomitar caricias. Saludé a Marcela al envejecer, dejé mi alma secándose en el prado estrellado de césped y me lancé aeroplano hacia el mar salado de peces. Me enterré en aguas gelatinosas y escarbé hacia el fondo, respirando flores mientras avistaba cardúmenes de suicidas de colores. Emergí mugriento en el inodoro de mi casa, bajé la tapa, me subí los pantalones y tiré la cadena. Me lavé las manos, me lavé la cara y fui a buscar de nuevo a Marcela. Le hice prometer que no nos despidamos nunca más.

8/12 - Venganza al amor.

El idiota me había hecho sufrir innumerable cantidad de veces. No me arrepiento. Ustedes hubieran hecho lo mismo que yo. Bastante me contuve. Bastante piedad le tuve a ese mal parido que tanto me hizo sufrir, y tantas veces lo hizo. Como castigo le corté las alas con la tijera de podar. Cuando me di cuenta que estaba desmayándose del dolor, recién ahí terminé mi trabajo. Pero primero le había quebrado el tabique a piñas y le había hundido sus ojos con mis dedos gordos. Ya había destrozado su arco en cuatro pedazos. Fue un ataque de nervios incontrolable. Apenas lo vi apoyado en el árbol, me invadió la furia, le robé sus flechas y se las clavé una a una por todo el cuerpo. Lo torturé durante largo rato, poseído por la bronca. Luego, me aseguré de que no vuelva a usar su arco conmigo ni con nadie más.

7/12 - Carta a una amada.

A mi querida María. Antes que nada quiero advertirle que no se preocupe al leer estas letras que, como ya habrá notado, no son mías. Es Adriana, mi secretaria, la que está suplantándome momentáneamente. Una sutil incapacidad transitoria me impide escribir por mis propios medios, ser el escritor de la presenta carta, pero no me imposibilita ser el que la redacta en voz alta, un poco carraspeada a causa del dolor. Quiero avisarle yo mismo antes de que la noticia la tome por sorpresa. Hace cinco minutos atrás acabo de agarrarme los dedos contra la puerta y me lamenta el informarle que esta noche, no podré hacerle las caricias que tanto le gustan a sus hermosas y delicadas manos. Lamento, mi querida María, tener que suspender también la cena puesto que el yeso que seguramente me van a poner, me impediría manejar los cubiertos. Sin más, su eterno enamorado, Roberto.

6/12 - Dumbeldum Gumbeldum.

Un palo de madera, una escoba o una piedra, actuaban mejor que él. El Famoso Dumbeldum Gumbeldum, famoso por su mala fama, pésima fama de tristísimo actor y también conocido por la dificultad de su nombre y apellido. Dumbeldum Gumbeldum fue sin dudas, el más malo actor de la historia de la humanidad. Gumbeldum incluso era tan malo, que ni siquiera podía interpretar el papel de su persona cuando no estaba actuando. No sabía ni hacer su propio personaje con el que convivía día a día. Cuando iba a la carnicería a comprar carne, el carnicero lo cargaba por lo mal que actuaba al pedir la carne para el asado. Cuando iba a la verdulería, la verdulera se enojaba y le tiraba sus tomates al ver que Dumbeldum Gumbeldum no sabía ni actuar para pedir una docena de rabanitos. Actuaba tan mal, que sus oídos sólo conocieron silbidos y abucheos.

5/12 - La historia de Fernando.

Carlos es un tipo normal, pero esta historia no se trata de Carlos. Patricio es un tipo bueno y comprensible, pero esta historia no se trata de Patricio. Claudia es una arpía, pero esta historia no se trata de Claudia. Jorge es un tipo querido, un buen tipo que quería a su esposa y que violaba niños, pero esta historia no se trata de Jorge. Adrián es un ángel negro, pero esta historia no se trata del ángel Adrián. Lisandro era un bichito bolita que murió aplastado por un zapato, pero no viene al caso. Bruno es una almohada que habla pero esta historia no se trata de Bruno. Blas es un anciano de 150 años, pero esta historia no se trata sobre Blas. Rodrigo era infeliz, pero esta historia tampoco trata sobre Rodrigo. Esta historia cuenta la historia de Fernando, que es todo lo que los otros no son.

4/12 - Intolerante, vil, desequilibrado, tacaño y asesino.

Lo voy a matar. Hace doce minutos que le presté el dinero y el muy atorrante no me lo devuelve. Uno les da la mano y te comen el codo. Lo voy a matar a patadas. Trece minutos y todavía no me devuelve la guita. Si no veo los diez centavos en los próximos milisegundos, lo acribillo a tiros en las pelotas, le corto el pito en fetas con una máquina de fiambre, hago que se muerda su propio dedo con la pera apoyada en una mesa y después, le pego un palazo en la cabeza para cerrar la mandíbula superior y guillotinarle el meñique.
¿Quién se piensa que es ese pedazo de forro? Ya te advertí 15 veces en las últimas centésimas de segundos y todavía no veo mis diez centavos. Espero que haya saludado a sus hijos esta mañana porque ya no los va a volver a ver.

3/12 - Terapia Alternativa.

La mía es una historia real. Deberían de creerme, porque si hay algo que no sé hacer, es mentir. Que me caiga un rayo en la cabeza si miento al contar la historia del adolescente al que casi le explotó la cabeza. Llegó a mi consultorio, el muy deformado, con su cabeza gigante que casi no cabía por la puerta. Lloraba como un niño pidiéndome ayuda para que le desinflara su cabeza latente. Me pegué un julepe bárbaro al ver la cabeza morada a punto de explotar. El muchacho, ingenuo, había leído y aprendido mucho de golpe. Reaccione rápido, con mi instinto de médico naturista de terapias alternativas, e instantáneamente lo puse a ver televisión Argentina. Su cabeza volvió a embobarse nuevamente y ya en su estado normal de estupidez mediática, zafé de tener que sacar las manchas de la asquerosa cultura que hubieran ensuciado las paredes de mi consultorio.

2/12 - Mi perro adoptado.

Mediante diversos ensayos de prueba y error, me di cuenta de que mi perro adoptado tenía problemas. Un trastorno mental, una fobia, un mal recuerdo que lo hacía actuar de forma extraña. Me comencé a dar cuenta de su problema cada vez que levantaba una rama del parque y me colocaba en posición para tirarla. Extrañamente, mi perro salía corriendo antes de que yo haga el movimiento de aceleración para arrojar el palo y esperar, como es la tradición, a que el perro lo traiga. Observé, más tarde, que al levantar cualquier objeto y ponerlo en posición de lanzamiento, mi perro salía corriendo, con un susto enorme, como si estuviera viendo al mismísimo diablo. Por último, comprobé que simplemente al levantar la mano, mi perro carpía del miedo y disparaba lo más lejos posible. Me preocupa cómo le voy a curar el miedo al maltrato, ahora que ya es grande.

1/12 - Siempre presente.

El tiempo es atemporal. No avanza en el tiempo sino que es eterno en todo momento. Cada segundo se repite todo el tiempo. El pasado es siempre un presente en ese pasado y el futuro es siempre presente en ese futuro. El presente es siempre presente. Todo sucede constantemente y se repite desde la eternidad. Todo es el mismo instante de milésima de segundo. Desde siempre y por siempre. Todo es un mismo y único momento que se une a otro momento, también eterno y siempre presente, que se une al siguiente. El tiempo es, entonces, una cadena de eslabones de presentes eternos e infinitos. Que ya pasó, pero que continúa en su presente. Que va a suceder en algún momento pero que allá, en su futuro, es siempre presente. El tiempo es un instante que se une a otros instantes y que forman una cadena única. Y así, sucesivamente.

30/11 - Valió la pena.

Tienen que ver las cosas que se aguantó ese pobre hombre para conseguir lo que quería. Soportó mil desgracias para alcanzarlo, para adquirirlo, para hacerlo suyo, para lograrlo. Para ganárselo. Quería algo y luchó por ello. Quería tanto a ese algo que incluso se resignó a perder a sus padres para alcanzarlo. Lo quería tanto que perdió a su esposa para conseguirlo. Perdió sus hijos, su casa, su máquina de cortar el pasto, su trabajo, su dieta, sus hobbies, su estilo de vida. Lo perdió todo con tal de lograr ese algo que tanto deseaba. Se dejó caer los pelos, se dejó caer los dientes y la cara y la libido. Perdió su sexo, lo sacrificó para alcanzar ese algo que tanto lo obsesionaba. Entregó su sangre a cambio, vendió su alma, suicidó sus deseos y al final, lo consiguió. Logró lo que se proponía y ciertamente, valió la pena.

29/11 - Abanicos.

Quebré los abanicos de las señoras refinadas que se aireaban con aires de grandeza y superioridad. Los quebré, los tiré al piso, los escupí y los pisé repetidas veces para que se dieran cuenta de mi bronca, mi bronca, mi gran bronca. Piso los abanicos una y otra vez mientras mantengo mis ojos fijos y llenos de odio en las sorprendidas caras de las refinadas señoras. Y después, dejo de pisar los abanicos y las escupo a ellas. Las escupo con el moco baboso y verdoso que extraigo desde atrás de mi garganta. Y escupo. Después las piso, repetidas veces, las piso con el mismo pie, mi pie, que calza bota de trabajador. Las tiro al piso y las piso hasta teñir de rojo las baldosas. Las piso hasta que la pintura se coagula. Y después las escupo, extraigo de mi garganta un arsenal de mocos babosos, y las escupo.

28/11 - El diccionario amable.

Tengo en mi biblioteca un curioso ejemplar de diccionario. Lo tengo desde chiquito. Lo uso desde que nací y siempre estuvo en casa para cuidarme. Cada vez que tenía una duda o un problema, iba corriendo hasta mi diccionario y él, respondía. El problema que siempre tuvo, y no me quejo puesto que en cierta forma, me divertía, fue que era demasiado amable. Mi diccionario siempre fue exageradamente bueno con todos. Excesivamente ingenuo, cordial y tolerante. Incluso con las palabras. Era tan bueno que definía al término maldad, de la siguiente forma: “Maldad es hacer cosas malas, pero pobre, hay que comprenderla, no sabe lo que hace. De chiquita no le enseñaron que hay que tener bondad.”
Tendría que haber quemado mi diccionario en el fuego, tendría que haberle arrancado las hojas y haberlo tirado a la basura pero pobre, hay que entenderlo, mi diccionario no sabe lo que hace.

27/11 - Los jóvenes 17.

Dimitri tiene 45 años pero según su propia medición del tiempo, según su propio calendario histórico, tiene 17 años de edad. El tema es así: Dimitri decidió no contar el tiempo desde su nacimiento, sino que parte desde sus 45 años, como año cero. El evento fue tan dichoso y renovador, tan puro y bello, y tan tranquilo y tan pacífico para el alma, que se creyó resucitado. “Estaba muerto, y resucité”, les dice a sus amigos mientras se lleva una puta al cuarto del telo mientras se tira champagne en la cabeza. Dimitri piensa que volvió a la vida, una nueva vida que contabiliza desde el día en que firmó el divorcio y dejó atrás su muerte en vida. Al los 45 años volvió a nacer, volvió a empezar a contar de cero. Ahora tiene 17 años, y no tiene arrugas, y no tiene pelada y no tiene problemas.

26/11 - Quién tiene la culpa.

Si la tierra está sufriendo no es culpa nuestra, es culpa de quien nos creó. Si violo a una señorita, no es culpa mía, es culpa del que me creó. Si aquél es un asesino serial, no es culpa de él, ni mía, ni suya, es culpa de quien lo creó. Si usted es cáncer, no es culpa suya, es culpa del forro que lo creó. Si soy aumento de impuestos no es culpa mía, es culpa del hijo de puta que me creó. Sí Señor, soy el diablo, pero eso no es culpa mía, es culpa de mi creador. Él es dios, pero no es culpa de él, perdónenlo, es culpa del atorrante que lo creó.
Yo no tengo la culpa de ser lo que soy, es culpa suya porque usted me creó. –Pero yo no tengo la culpa, es culpa del que me creó–. Afirmó el creador.

25/11 - Señor Alcalde.

La gente que es honesta, Señor Alcalde, es porque todavía no le han dado la oportunidad de estafar. Y la gente que tuvo la oportunidad y no la utilizó, fue porque la tajada no era lo suficientemente buena. Si usted todavía no le estrechó la mano al diablo, Señor Alcalde, no fue porque es éticamente correcto, sino porque esperaba sacar más beneficio en la próxima oferta. Todos nos vendemos al mejor postor, no tiene por qué avergonzarse. Y si no nos vendemos, es porque la propuesta todavía sigue sin cumplir nuestras expectativas. Es cuestión de que el vendedor siga aumentando el número de beneficios para que el soborno se cumpla. Tal es así que la gente poco ética es la que se deja sobornar por poco y, quienes tienen ética, es simplemente porque todavía no escucharon una buena oferta. Para ahorrar tiempos, Señor Alcalde, ¿cuánto me va a costar corromperlo?

24/11 - El equilibrio del universo.

Cuando pasa algo bueno, siempre tiene que suceder, a continuación, algo malo. El universo tiene que equilibrarse. Cuando pasan buenas cosas, tienen que pasar cosas malas. A una cosa mala muy grande, le sigue una cosa buena igual de grande. Constante equilibrio para que el planeta no caiga hacia un costado. Si se acumulan cosas malas de un lado y las buenas no empiezan a sumar del otro, el planeta tierra cae al piso, compra terreno. Si le pesa más el lado de las cosas buenas y no equilibra para el lado de las cosas malas, también se tropieza y cae. El planeta tierra está continuamente equilibrándose. Desde que existe, si es que tiene un principio, está haciendo equilibrio. Pero algún día el equilibrio se va a terminar y nosotros le vamos a echar la culpa al universo, al que mueve los hilos. La culpa no será nuestra, no señor.

23/11 - Vagabundos.

Mirá a esa mujer con perlas negras. Este barrio no es lo que era antes. Esta esquina, hace algunos años atrás, estaba llena de vagabundos. Vagabundos exquisitamente mal vestidos paseaban por las hermosas veredas de esta esquina y ahora, estos ricachones, no hacen más que molestar. Uno ya no puede ni tirarse a tomar un tetra tranquilo con los amigos sin que haya una naricita de versace frunciendo el culo. Antes eran buenas épocas. Qué lindo era estar borrachos en el medio de entrada del edificio. Ahora siempre están estos monos caretas que no paran de esquivar la cara. Mirá, dan vergüenza cómo se visten, todos brillantes los asquerosos. Yo no puedo entender cómo es que aguantan estar tan limpios. Acá hace falta alguien que vengan a poner orden. Habría que desalojar a todos estos etiquetas de marca que no saben hacer otra cosa más que molestar a los vagabundos.

22/11 - Se pelean de chicos.

Fiel al famoso dicho que asegura que quienes “pelean de chicos, se casan de grandes”, Pedro no hacía más que pelear con las niñas. Cualquier persona del sexo opuesto era atacada verbal o físicamente por el niño. Al principio parecía una confusión de chicos, pero a medida que fue pasando el tiempo, Pedro seguía empecinado con su cometido y no sólo continuaba agrediendo y pegándole a las mujeres, sino que los ataques se volvían cada vez más y más agresivos. La furia, o será mejor decir la pasión desenfrenada del niño, no tenía límites. Su última víctima, antes de ser encerrado en un psiquiátrico, fue una niña que cayó sangrando al suelo luego de recibir un cuchillazo en la garganta que Pedro le había incrustado en su afán de poseerla en el futuro. “A esa la voy a tener cuando me muera”, pensó Pedro mientras era arrastrado por los enfermeros.

21/11 - La sonrisa de la tristeza.

El Rey se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no largaba una buena carcajada, que no reía, que ni siquiera sonreía. No recordaba la última vez que había expresado su alegría a modo de sonrisa. Sin pensarlo dos veces, mandó a llamar a los mejores bufones del reino, quienes hicieron las mil y una intentando hacerlo reír, pero ninguna payasada dio resultado. El Rey, triste, se miraba atentamente al espejo cuando se dio cuenta de que su cara tampoco expresaba ni medio ápice de tristeza. Preocupado llamó a la Reina, la Reina, preocupada, llamó al Príncipe, el Príncipe, preocupado, ordenó a los mejores dramaturgos del reino que escribieran la más triste de las historias. La obra fue actuada por los mejores actores y no hubo nadie que no llorara de tristeza. El rey, con las lágrimas en su cara, sonrió de alegría al ver que podía entristecer nuevamente.

20/11 - El profeta ignorado.

El profeta se subió al banco de la plaza. –Escúchenme todos.– dijo gritando con temerosa voz de circunstancia que captó la atención de los transeúntes. –Yo traigo la palabra de dios.– Continuó. –Yo soy el enviado de dios, nuestro señor. Él se me apareció y me encomendó profesar su palabra. Escúchenme, o despertarán su ira.– Los pocos espectadores se aburrieron y continuaron su camino. Los demás seguían pasando de largo, ignorando al profeta vagabundo que no desistía de su empresa. –Estoy aquí para advertirles sobre los males de la religión. Nuestro señor ha recapacitado. Nuestro señor se ha dado cuenta de sus errores y me ha mandado a repararlos. Escúchenme pecadores, o arderán en el infierno. Soy el elegido y he venido a abolir la religión. La religión es el nuevo pecado y para limpiarnos del pecado, nuestro señor pide ser olvidado. Olvidemos a nuestro dios si queremos ser salvados.

19/11 - Mi sillón de cuero.

Un sillón de lectura cómodo es el peor enemigo de un libro aburrido. Y también un gran filtro. Es por eso que tiene un comodísimo sillón, flexible, suave y acolchonado, con un delicioso aroma a cuero. El libro que supera las cualidades relajantes y adormecedoras de su sillón de lectura, es naturalmente un libro entretenido y atrapante. Así se dispone a leer cada noche bajo la escasa luz amarilla de la lámpara de pie que está al costado de su acolchonado sillón. La tenue y opaca luz, relajante, tranquilizadora, narcótica luz, se complementa con el sedante natural de su sillón de cuero, convirtiéndose también en el terror de los libros con historias aburridas. Es de esperar entonces, teniendo en cuenta los difíciles obstáculos, que la mayoría de los libros que comienza, terminen por ser abandonados y nunca más retomados. Lee un libro por noche desde hace años. Nunca terminó ninguno.

18/11 - Informe meteorológico.

Lo particular de la siguiente historia que les voy a contar, es que todavía no ha sucedido. Por eso es que voy a narrarla en tiempo futuro, haciendo uso de mis poderes predictivos y adivinatorios. Puedo asegurarles, a ciencia cierta, que mis racionales visiones de profeta experimentado en informes meteorológicos, no conocen todavía el más mínimo error de cálculos. Todo lo que pronosticaré se cumplirá al pie de la letra tarde o temprano. El siguiente lunes habrá fuertes chaparrones por la mañana que se calmarán llegando el medio día. Luego el viento del sudeste cubrirá el cielo de nubes negras y amenazantes, generando aisladas lloviznas hacia la tarde y antes de caer la noche, la ira de los truenos sembrarán el pánico sobre la humanidad. Llegará la tempestad, el merecido diluvio, la muerte. Las ciudades se inundarán y los gritos callarán ahogados por las aguas de la furia de dios.

17/11 - La biblioteca coparticipativa.

Los dos libros gordos que estaban sobre del estante más alto de la biblioteca, casi tapados por el polvo del olvido, habían pasado tanto tiempo sin ser tocados, ni movidos, ni leídos, que terminaron por convertirse en muy buenos amigos. Con tanto tiempo de estar uno al lado del otro, compartiendo la mugre, tapa contra contratapa, era obvio que iban a terminar siendo amigos. Y esa amistad fue un muy buen ejemplo para los otros libros que también yacían olvidados en la biblioteca. Se formó un lindo grupo que no solo disfrutaba de la amistad, sino que también compartía conocimientos. Se educaban unos a otros, se leían sus historias, se narraban los misterios, las deliciosas historias de amor. Lloraban con los finales felices y reflexionaban con los abiertos. Cada uno se alimentó de los otros y todos juntos formaron la primera biblioteca coparticipativa. La más sabia biblioteca de la historia.

16/11 - Los enemigos de la verdad.

Las personas viven para ser cada vez más estúpidos e ingenuos. A su vez, los ingenuos y estúpidos más catalogados enseñan el arte de la idiotez y así, aseguran generaciones milenarias de idiotas. Siempre que existió alguien que resaltaba en inteligencia y decía verdades irrefutables, los déspotas idiotas se encargaban de eliminarlo/a en nombre del origen de la idiotez. Matando de las formas más macabras y creativas a los inteligentes, se aseguraban de que los nuevos profetas de la verdad lógica no quieran ni intenten difundir la inteligencia. Los silenciaban con la muerte o con el temor a la muerte. Obviamente, estas palabras esconden nombres y mezquinan detalles. Esa es mi defensa a las futuras acusaciones de los idiotas que seguramente se verán reflejados en estas líneas. Me oculto atrás del párrafo para escapar de la acusación. Escapo de la acusación, porque en ella nace el camino a la hoguera.

15/11 - El último error.

Todo termina con un último error. No es ni el primero, ni el del medio. No es la influencia del error más grande o la del error más pavo y chico. Es el último error el que da por finalizado algo, cualquier cosa. Todo se desmorona con la última equivocación. Inútiles, inservibles, ingenuos, torpes, estúpidos, necios. Burros. Mentecatos, lerdos. No se dan cuenta del límite, no visualizan ni piensan. No reflexionan, pobres, que siempre hay un último error, una última equivocación que desemboca en el final así como todos los ríos mueren obligadamente en la sal del mar. Es la gota que rebalsa el vaso, es el paso hacia el vacío, hacia el precipicio, es el último pinchazo, el último cigarro, es la espina de pescado del último plato. La última mentira, la última maldad, la última vez que se confían. La última vez que se aprovechan. El último error.

14/11 - La inteligencia de la idiotez.

Es mucho más difícil hacerle creer a alguien que uno es idiota, que hacerle creer que es inteligente. En lo particular se me complicó bastante dominar la técnica pero, obviamente, los beneficios que me trajo aparejado la supuesta idiotez, fueron inmensos. Mayores y mejores que los relacionados con la inteligencia, o supuesta inteligencia. Cuando los demás piensan que uno es idiota, no hacen demasiado esfuerzo en querer ganarme, me subestiman y se quedan tranquilos, relajados, con la guardia baja. Mientras tanto, yo, el idiota, cocino el plato y espero a que se enfríe. Luego, el zarpazo, la sangre derramada, la venganza. Dulce y cariñosa venganza que revierte situaciones. Justa y merecida venganza. –¿Quién es el idiota ahora?– le pregunto a mis víctimas que me miran asombradas. Les clavo la mirada y fijo mis ojos en los suyos para que puedan ver dentro de mi alma. Para que mueran con miedo.

13/11 - Maldiciones.

La primera vez que maldije a alguien, obviamente no pensé que se iba a cumplir. Lo mismo me pasó la segunda vez, al desearle la muerte a un compañero. Cuando falleció me refugié pensando que era pura casualidad pero, a la tercera vez, no pude más que sospechar de mis desagradables poderes. Probé en desear bienaventuranzas y ganadores de quinielas para remediar las tres muertes. Nada resultó. Incluso intenté desear resurrecciones pero nadie resucitó. Descubrí que mis maldiciones surgen efecto cuando están relacionadas con la maldad y, apenas se genera el deseo de desgracia ajena en mi cabeza, ya no hay marcha atrás. Dios sabe que intenté mil formas para controlar los malos pensamientos, pero siguen creciendo en número los muertos, los inválidos, los leprosos, los ciegos, los atropellados, los acribillados, los apedreados hasta la muerte, los desmembrados, los castrados, los incinerados, los aplastados. Dios también sabe que intenté maldecirme.

12/11 - El hombre que odia demasiado.

Anselmo tiene una personalidad muy interesante. Es un tipo malo, no aguanta a las personas ni tampoco se reserva o reprime los pensamientos para si mismo. Anselmo no tiene ningún drama en decir lo que piensa, en comentarle el desagrado a quien le desagrada. Tal es así que nadie queda exento de sus críticas. Pero la pasión que Anselmo le dedica a la intolerancia hacia cualquier detalle, es, paradójicamente, lo que hace que nadie lo tome en serio. Todavía ninguna persona pensó que Anselmo dice de verdad las cosas que dice y por eso, podemos decir que el simpático Anselmo es la única persona que intenta con demasiada insistencia ser malo, pero no le sale. Todos creen que Anselmo es un tipo macanudo que tiene un carácter jovial y gracioso, que redunda un poco en sus chistes, pero gracioso al fin. Mientras tanto, Anselmo, lima sus dientes de la bronca.

11/11 - Arrepentimiento del arrepentimiento.

Mi extrema sinceridad me arruina constantemente la vida. Disculpe profesora, eso lo copié de una hoja que tenía debajo del pupitre. No me esforcé como otras veces y para zafar, terminé haciendo trampa en el examen. Sí, tiene toda la razón en lo que está pensando, soy un cara rota. Sinceramente no merezco el nueve que me puso. Perdón árbitro, en realidad usted se ha equivocado al juzgar la jugada. Debería reconsiderar la decisión tomada ya que como dicen mis contrincantes, he metido el gol con la mano.
Como verán, me arrepiento en el instante mismo en el que me equivoco y surge en mi inconsciente una extrema necesidad de confesar los errores. El problema es que la confesión misma, también emerge y se manifiesta como un nuevo y gravísimo error, el cual, obviamente, tengo que arreglar. ¡¿Pero qué hace Profesora?! ¿No se da cuenta que estaba haciendo un chiste?

10/11 - Engaño.

A veces creo que soy un mogólico. Me extraña que me salga todo tan bien. Sospecho de mi suerte. Realmente no creo ser tan bueno como para que me salgan las cosas tan perfectamente. Lo sé. Y ahí es cuando pienso que soy un idiota y que vivo en una constante mentira en la que todos me hacen creer que soy bueno, que me salen las cosas bien, que tengo facultades y por sobre todas las cosas, que soy una persona normal. Todos me felicitan porque están actuando, y actúan para que yo no me de cuenta de que soy un inútil. Lo hacen porque son buena gente pero creo que no me merezco tanta maldad. Está mal hacerme sentir que todo me sale bien cuando en realidad, no es así. Ya sé que no puedo hacer absolutamente nada bien así que les pido, por favor, que dejen de engañarme.

9/11 - Perdón.

El simple hecho de que pidas perdón no es un acto que lo amerite. Te pensás que al pedirme perdón ya te merecés las disculpas. Hipócrita. Te enseñaron a pensar que la palabra perdón está cargada de un poder mágico que soluciona problemas. Me venís a pedir perdón, pensás que eso es un acto de nobleza y por ello mismo pensás merecerlo. Todos creen estar perdonados sólo por el hecho de tener la buena intención de pedirlo. Creen que merecen el perdón sólo porque profieren la palabra. Creen que con el simple hecho de terminar de expresar el término, todo es olvidado. El perdón es algo que no te merecés. Y no puedo perdonar porque ya es una tontería el acto de pedir perdón. Por qué creés que esa palabra va a tapar las cosas que hiciste. El perdón es solución de muchos, pero el perdonar no es lo mío.

8/11 - Todavía puedo escapar.

Abrí los ojos y recordé algunas canoas cargadas de gritos que me perseguían. Haciendo memoria me encontré corriendo por la arena húmeda de la playa para apurar las piernas. Recuerdo también haber tenido un chispazo de razonamiento lógico y acto seguido penetrar en la espesa selva para perderlos. Estuve mucho tiempo ciego en la oscuridad de los árboles, escapando de gritos que no pude esquivar. Luego, un golpe en la cabeza, unas figuras desnudas, borrosas, armadas. Por último, oscuridad. Abrí los ojos y recordé. Ahora me duele la cabeza y me siento mareado. Mis brazos y mis piernas están atados. Hace calor. Mi cuerpo está desnudo e inmerso en un caldo con muy buen aroma. Hay trozos de zanahoria flotando alrededor. Hay papas y otras raíces que no reconozco. Estoy por hervir vivo pero las sogas están flojas y sólo hay tres personas cuidando. Todavía me quedan fuerzas. Heroica fuerza.

7/11 - Entre líneas.

En algunas prosas se suele notar, si el lector es ávido y concentrado, un segundo mensaje. Un sobreentendido queda en el aire y es así como muchos autores fueron censurados. Yo creo también, que muchos otros fueron prohibidos injustamente puesto que hay interpretaciones de textos que son precedidas, por ejemplo, por la época. A veces las intenciones no existen, a veces, son forzadas. Muchas letras fueron acusadas así como también muchos poemas, amos de las metáforas semánticas, fueron callados. Las palabras, esos “fenómenos ideológicos por excelencia”, fueron y serán cargadas con contenidos que no quisieron ser; con significados injustos, con presupuestos ajenos a la realidad. Por eso les pido, mis ávidos lectores, que no se esfuercen en las interpretaciones, en las lecturas entre líneas o en las hermenéuticas explicaciones que se le puedan adjudicar a este texto. Simplemente, déjense llevar por la literalidad de las siguientes dos palabras: estoy cansado.

6/11 - La credibilidad de las psicópatas desconfiadas.

-Pero por el amor de dios, guardá esa arma. ¿Qué pensás hacer? Estás loca. Loca. Me cansaste con los celos. Ya te dije mil veces que no tengo ninguna aventura con nadie, que no estoy saliendo con nadie. Tranquilizate. Bajá el arma por favor. No llores. Calmate y bajá el arma. Calmate. ¿¡No ves lo que hacés!? Mirá al extremo que llegás. ¿No podés confiar en mí de una buena vez por todas? Bajá el arma. Bajá el arma antes de que alguien salga herido. Por favor, hacelo por mí. Yo te amo. Te juro que te amo pero bajá el arma. Amor, amor, escuchame. Escuchame. Te juro por lo que más quieras que yo no te engañé. Amor, por favor, no hagas una locura. Nunca te engañaría. Te juro. Nunca te engañaría. Yo te quiero. Te amo en serio mi vida. No me hagas esto. Bajá el arma. Bajala.

5/11 - Excavaciones arqueológicas en Argentina.

Corría el año 10.024 cuando Sir Jerónimo de Olivario decidió invertir en una expedición a la tierra muerta, llamada así desde que un grupo anarquista había atentado contra las civilizadas y envidiadas tierras Argentinas. Los terroristas pertenecían a un ejercito formado por antiguos políticos del país, los cuales habían sido exiliados en lo que se dio a llamar “La Reestructuración Nacional”, movimiento que no tardó en limpiar la corrupción gobernante y encaminar la nación a un próspero y rápido crecimiento económico, social y cultural. Los terroristas fueron atrapados y condenados. El grupo de arqueólogos dirigidos por Sir Jerónimo de Oliverio, descendió sobre una superficie llana y montaron su campamento. Luego de varios meses de excavaciones, la multimillonaria inversión de Sir Jerónimo brindó sus frutos cuando los arqueólogos encontraron una de las míticas piezas que estaban buscando. El Mate Argentino Original era el objeto de arte mejor cotizado en el mundo.

4/11 - Momia.

El descubrimiento se realizó en el medio del casi infinito laberinto de árboles de la selva Amazónica. Un grupo de reconocidos y experimentados arqueólogos y científicos fueron designados al llamado “Proyecto Liana”, basado en la excavación e investigación de una pirámide recientemente descubierta en el corazón de la selva, tapada por la abundante forestación y enterrada casi en su totalidad. Debajo de la construcción se desprenden una serie de túneles donde se encontraron signos de una extraña y antigua civilización desconocida, con marcadas influencias mayas y egipcias. Al final de uno de los túneles se descubrió una cámara principal donde toda su construcción, las puertas, las paredes y el piso, son de metal. Dentro del sarcófago se encontró una momia y debajo de las vendas, en vez de hallarse un cuerpo humano, había un robot. Se cree que es el robot más antiguo del mundo y, paradójicamente, el más avanzado.

3/11 - Mazmorras.

Los llantos opacados por la vergüenza de llorar, los suspiros de la tristeza, las quejas susurradas a causa del hambre y el ruido de las cadenas eran la música diaria del Barón de Quintana. El Barón era uno más de los prisioneros, el más joven y fuerte de todos ellos y aún así, más débil que un niño. La escasa comida mantenía reprimido cualquier intento de escape de los desgraciados habitantes de las mazmorras. Aún así, el Barón no había tirado la toalla, no había abandonado las esperanzas de ver de nuevo el sol y poder castigar a la mujer que lo había culpado, condenándolo a una lenta muerte, encerrándolo bajo la tierra. Tenía plena fe en que iba a poder salir del calvario ya que pensaba que quienes son inocentes, se merecen justicia. Y tenía razón, pero le erraba en pensar que esa justicia podía llegar a ser divina.

2/11 - La duda.

Por suerte existe la duda, el único factor que nos ayuda a no convertirnos en bestias idiotas y estúpidas y necias. La duda. Ese titubeo del ánimo ante cualquier verdad irrefutable, ese espacio de reflexión sobre lo que se cree verdadero y auténtico y real. A ese factor de pensamiento le debemos la ingenuidad. Dichosa ingenuidad que nos ayuda a poner todo en duda. Si la raza humana aún no está extinta, es porque algunos tienen la virtud de poner todo en tela de juicio. Sin hombres que duden, todos seríamos conformistas. Conformistas como sinónimo de idiotez. Idiotez comos sinónimo de extinción. Vaya uno a saber dónde nos hubiera llevado la seguridad ciega de las ingenuas ovejas que pastan las verdades que se les antojan irrefutables, si no existieran las personas que les ayudan a vomitarlas. La duda, es lo único que nos da seguridad. Seguridad como sinónimo de duda.

1/11 - Ir de cuerpo contento.

Las cosas no le estaban yendo muy bien que digamos. Tenía algunas deudas que crecían todos los meses con los intereses, una muela que le dolía, la bicicleta pinchada, una mancha de humedad en la pieza y por si fuera poco, hacía varios días que no podía ir de cuerpo. Últimamente le estaban agarrando unos fuertes retorcijones de panza que le arrugaban la cara del dolor. Pero el sufrimiento no duró tanto tiempo ya que cierto día, después de un café con leche calentito, un vasito de exprimido de naranja y un cigarrillo, notó una revolución en su panza. Eran buenos augurios. Fue corriendo al inodoro para no perder la oportunidad, se bajó los pantalones y casi sin hacer fuerza despidió todo lo que había acumulado. Grata sorpresa la suya cuando vio que flotando en el inodoro, en vez de excremento, había un grueso fajo de billetes de cien pesos.

31/10 - Mesa de Poker.

Jugando al poker tiró a su mujer arriba de la mesa verde. La señora cayó despatarrada sobre las fichas y tres jugadores igualaron la apuesta con sus respectivas esposas. Ganó con un par doble. En la siguiente mano, confiado con una par de jotas, tiró a una de las esposas ganadas en la mano anterior, y subió la apuesta con uno de sus hijos que cayó sobre el paño verde al lado de la mujer. Dos de los jugadores se fueron y un tercero igualó con su esposa, tiró a su hija sobre la mesa y elevó la apuesta con su cuñada y su suegra. A falta de cuñadas y suegra, el jugador arrojó a las dos esposas que le quedaban y creído de que su contrincante alardeaba, tiró a su hermano menor y a sus padres. El otro jugador igualó la apuesta y ganó con una escalera de tréboles.

30/10 - Foto.

Sebastián estaba cansado de la vida conyugal. Estaba cansado de todo pero igual se había acostumbrado y a decir verdad, le eran indistintos los problemas con su esposa. Sus sentimientos eran indefinidos y esquivos. La mujer le respondía con la misma moneda. Hacía tiempo que no la amaba y si bien eso no era bueno, tampoco era tan malo, pero la noticia de la aventura amorosa de su mujer con un compañero de trabajo convirtió la neutralidad sentimental en un odio ilimitado y vengativo. Hizo unas llamadas y moviendo un par de contactos, contrató un asesino a sueldo y siguió sus indicaciones de poner la foto de la futura víctima en un sobre y dejarlo debajo del banco de la plaza. Luego de hacer todo el trabajo, al regresar a su casa notó que la foto que tenía que estar dentro del sobre seguía en el álbum. Faltaba la suya.

29/10 - Cosas de chicos.

Después de advertirle a su hijo que se comportara en su ausencia, la mujer fue hasta el supermercado a hacer las compras. Regresó después de media hora y al abrir la puerta vio que su hijo tenía las manos manchadas de pintura roja y había estado pintando gran parte del empapelado. Era un tierno dibujo donde se distinguía claramente la familia. La madre a la derecha, el padre a la izquierda y el niño en el medio. Detrás se veía una casa grande. Al lado de la casa había un árbol y en lo más alto, un sol con cara alegre y algunas nubes deformes a su alrededor. La casa no tenía ventanas y desde su puerta bajaba un caminito hasta el zócalo de la pared. Sólo faltaba el perro, el cual yacía muerto en el piso debajo del dibujo. Alrededor del perro, un charco de sangre. Todavía sobraba pintura.

28/10 - Zoológico.

El zoológico abrió sus puertas y la cola de niños que esperaba afuera entró ansiosa y excitada. Las maestras con guardapolvos a cuadritos tuvieron que encargarse de poner orden y controlar a la alterada multitud de chicos que se mostraban desesperados de alegría y entusiasmo. Presos de la metrópoli, ninguno había visto un animal en su vida. Era lógica la emoción. Calmada la situación y puestos en fila india, los niños comenzaron a recorrer el zoológico sorprendiéndose con cada uno de los animales. Pasaron por el terrario donde estaban exhibidas las serpientes y tortugas, también vieron la jaula de los leones y de los canguros y se divirtieron observando las piruetas de los monos. Cuando llegaron al laguito para descansar y darle de comer a las aves, uno de los flamencos hizo cortocircuito y explotó en mil pedazos. Era el tercer flamenco que explotaba en el zoológico de animales extintos.

27/10 - Injusto funeral.

Bienvenidos a mi funeral, uno de los eventos más aburridos a los que he asistido en toda mi vida y calculo que quedará como el más tedioso en la historia de mi futura eternidad. Violando mis explícitos deseos de cremación, mis familiares, aferrados a creencias y convenciones estúpidas como ésta que estoy viviendo, me mezquinaron la petición de ser ceniza esparcida en el cauce del río. Creyéndose dueños de la verdad absoluta, he sido víctima de sus ritos religiosos y como consecuencia, me han tirado en este costoso cajón de madera, han paseado mi cuerpo trajeado por todo el pueblo desde la morgue hasta la iglesia, desde la iglesia hasta el velatorio y todavía me falta el viaje al cementerio. Lo hicieron, los muy desgraciados, concientes de lo poco que me gustan las iglesias y los trajes. Ahí estoy yo, acostado, frío e incómodo, dispuesto a que todos me lloren.

26/10 - 100 años de soledad.

Desperté encerrado en esta habitación. No recuerdo por qué ni cómo llegué a este cubo de 20 por 20 por 10 donde las paredes están revestidas de estanterías de libros. Me encuentro aislado en esta biblioteca y no existe puerta que me deje salir. Tengo una escalera de 10 metros con la que puedo alcanzar la última estantería de las paredes, una cama, un escritorio y un sillón. Sobre el escritorio hay una máquina de escribir y una lámpara de lectura. Sus cajones están llenos de hojas. Si saco todas las hojas que están dentro del cajón y vuelvo a cerrarlo, al abrirlo nuevamente aparece la misma cantidad de hojas sacadas. Mi primer reacción fue la de buscar la puerta de salida ya que me daba un profundo temor el encierro, pero no tardé en comprender que había sido bendecido cuando reconocí cien años de soledad entre todos los libros.

25/10 - Ahorcado medieval.

El ahorcado medieval era un juego practicado en la clandestinidad únicamente por reyes y personas con títulos de nobleza. Para comenzar el juego, ponían a un plebeyo deudor de impuestos en la horca y se le ataba una soga al cuello. En el juego participaban dos jugadores enfrentados y consistía en lo siguiente: un jugador elegía una palabra que debía ser adivinada por su contrincante y luego escribía (en un papel) un guión bajo por cada letra de la palabra a adivinar. Así, el oponente debía nombrar las posibles letras hasta dar con la palabra completa. Si la letra nombrada no estaba en la palabra, el verdugo pintaba una de las extremidades del plebeyo con sangre de chancho. Primero las dos manos, luego las dos piernas y en el último error del jugador, se bajaba la palanca. Luego subía otro plebeyo a la horca. Se jugaba al mejor de 5.

24/10 - Pelos en la lengua.

Siempre tuvo pelos en la lengua y mal que mal, el pobre terminó acostumbrándose a los sufrimientos cotidianos como el de lavarse los dientes y que el cepillo se le enrede en la lengua, o tener que lavarse la boca con champú cada vez que se bañaba. Obviamente, la más drástica de las dificultades era que los cabellos no le permitían hablar normalmente. Pero el problema también tenía sus ventajas ya que la exótica, enrulada y rubia melena bucal parecía ser dulce de leche para mujeres. Extrañamente, lejos de causarles asco, las minas sentían una indomable curiosidad por besar sus cabellos. Así vivió hasta el día en que por un descuido se puso un chicle en la boca. Cuando quiso acordar ya era demasiado tarde y tuvo que raparse la lengua. Desde ese día, nunca más volvió a dejarse el pelo. Desde ese día, habla sin pelos en la lengua.

23/10 - Obedecer.

Eran las tres de la tarde y la casa estaba tenuemente iluminada por una lamparita amarilla de no más de 60 watts. Afuera era primavera. Adentro parecía otoño. Después de pasar la soga sobre la viga y atarla fuertemente, se subió sobre un banquito de madera que aguardaba impaciente justo debajo de la soga. Pasó el lazo por su cabeza, lo ajustó al cuello y un instante antes de empujar la base con sus piernas, sonó el teléfono. Seguramente era de la oficina. No lo dejaban tranquilo y ese era uno de los tantos motivos que estaban a punto de convertirlo en un suicida. Obediente a su costumbre de obedecer, desajustó el lazo, se bajó del banco para atender la llamada y tuvo una conversación de no más de un minuto, donde le encargaron subirse a un banco y atarse una soga al cuello. Al menos así lo entendió él.

22/10 - En el bosque.

Estábamos en el bosque cuando se nos apareció de repente. La noche era bastante clara gracias a la luna y teníamos encendida una fogata para apaciguar las amenazas del frío. Era cerca de medianoche cuando salió desde unos arbustos y se paró delante de nosotros. Nos paralizamos del miedo. Notamos que tenía cuatro patas y dos cuernos ornamentados salían desde su cabeza. Su cuerpo era absolutamente deforme e inestable ya que se movía constantemente como si fuera una masa líquida intentando flotar onduladamente. Cristian, mi compañero de campamento sacó la carabina que habíamos dejado detrás del tronco sobre el que estábamos apoyados y apuntó. El animal no se inmutó, continuó expectante con sus ojos clavados en nuestros cuerpos y cuando intentó moverse, sentí el disparo seco del arma. Al rodear la fogata, notamos que el cuerpo que yacía en el piso era un simple venado, deformado anteriormente por el fuego.

21/10 - Todo lo que yo te diga.

[Mira las palabras fijamente. Concéntrate. Haz de cuenta que estás leyendo en una isla paradisíaca. El sonido de las olas golpeando sobre la playa y el viento te tranquilizan. Ves claramente cada una de las sí-la-bas. Puedes reconocer cada morfema. El movimiento de la hamaca paraguaya te relaja aún más. Sientes que te elevas sobre el aire, sientes el aire y puedes agarrarlo. Lo usas para mantenerte flotando. Continúas leyendo y te vuelves silencio. Ahora estás en mi poder. Cuando cierre el corchete, harás todo lo que yo te diga].
Desconviértete. Deja el televisor. Libérate. Ponte a leer. Piensa. Vuelve a pensar. Ten memoria. Ten temple. Camúflate. Ármate. Haz justicia. Señala a los culpables sin miedo. Asesina a los corruptos. Elimina la lacra. No te avergüences. Aprende, enseña, opina participa, e intenta hacer que todos participen. Cuando hayas terminado con lo que te he encomendado, ve a comprarme un helado.

20/10 - Consuelo.

Existe un país dentro de un continente que forma parte de un mundo que no es el nuestro, pero que guarda ciertas similitudes con un país que está dentro de un continente de nuestro mundo. El país de este otro mundo es tan similar al país de nuestro planeta, que hasta tiene una bandera celeste y blanca. En ese país (que no es ningún país de nuestro mundo), la pasan mucho peor que nosotros puesto que sus gobernantes son aún mucho más atorrantes que los nuestros. Nosotros vivimos en un país donde ser presidente podría ser el premio mayor del Quini 6, pero ni se imaginan lo mal que la pasan en ese otro país de ese otro mundo. A mi me da pena esa pobre gente que vive en ese desgraciado lugar en el que les tocó ser gobernados. Pero no voy a mentirles, también me sirven de consuelo.

19/10 - Rodando voy.

Se encienden las luces y comienza a sonar una música pegadiza, monótona. Al rato escucho como si cayera una moneda en una caja de chapa. Instantáneamente un brazo mecánico me saca de la oscuridad en la que estoy, llevándome hacia el exterior, hacia el lugar iluminado. Veo las luces parpadear constantemente. Me dejan en un túnel. Miro hacia arriba y noto que hay un vidrio. Es imposible escapar saltando. De la nada aparece algo detrás de mí, me embiste fuertemente haciéndome rodar a lo largo del túnel. El impulso es tan potente que comienzo a golpear por todos lados. Cada cosa que toco me impulsaba aún más fuerte. Golpeo y golpeo contra paredes y gomas que me vuelven a impulsar con más y más fuerza. Cuando pienso que todo está por terminar, cuando pienso que voy a volver a casa, dos manos mezquinas me lo prohíben. La música monótona continúa.

18/10 - Estímulo.

En la nota que venía con la caja decía que tenía que abrirla cuando yo fuera feliz. Medía cinco centímetros por cinco centímetros, estaba envuelta en papel de regalo y llegó a mi buzón junto con su instrucción de uso que se basaba en un solo ítem ya mencionado anteriormente: “abrila cuando seas verdaderamente feliz”, decía. La letra era una imprenta mayúscula muy cuidada, parecía de mujer. No sé qué fue lo que me llevó a seguir el juego, pues moría de curiosidad por ver lo que había dentro. Como no sabía cuándo podía sorprenderme la felicidad, en qué día y a qué hora, me dediqué a llevar la cajita conmigo a todos lados. La ansiedad me incentivó a buscar la felicidad, pero no por la necesidad misma de ser feliz, sino por las impasibles ganas de averiguar el contenido de la caja. Hoy soy feliz gracias a ese estímulo.

17/10 - Boca abierta.

Manuel suele perder sus palabras muy seguido. Se les caen por la calle, las presta y después no se acuerda a quién, se las olvida en algún café o simplemente desaparecen de su memoria. Otras palabras, las más salvajes, se le escapan saltando sobre el cerco de sus dientes y nunca más regresan. Pero ayer sucedió algo realmente trágico. Manuel salió con una mujer, cenaron, fueron al cine y por último, a tomar un café. La mujer se quedó a dormir en su casa y él durmió feliz, obviamente contento por el reciente logro. Lamentablemente, se ve que durmió con la boca abierta ya que mientras descansaba, la mujer metió la mano a mitad de la noche en su boca y le robó la palabra más preciada. Una palabra que había usado en contadas ocasiones por miedo a gastarla. La única palabra que cuidaba. La que nunca más pudo pronunciar.

16/10 - La puerta.

Abrió los ojos y se dio cuenta de que todo lo que había pasado había sido una pesadilla. Se sentó en la cama, tomó un poco de agua que había en la mesita de luz y trató de tranquilizarse y de controlar la respiración. Pero en un momento, cuando vio que arriba de su ropero había un niño deforme con un matamoscas en una mano y la cabeza de un gato en la otra, comprendió cuál había sido su error. El muy estúpido, al despertar, al pasar del plano del sueño del inconsciente al mundo real, se olvidó de cerrar la puerta y como consecuencia de ello, todos los horrores que había estado viviendo minutos atrás, se abrieron paso hacia su habitación. Las paredes empezaron a retorcerse y siete mujeres comenzaron a azotarlo con serpientes. Escapó, cerró la puerta del cuarto con llave y no volvió a entrar nunca más.

15/10 - Nacimiento.

Isolina y Evaristo tenían su humilde casa en el campo, a unos cincuenta kilómetros del pueblo más cercano. Vivían de su pequeño ganado, de la huerta de Isolina y de las pieles de vizcacha que cazaba Evaristo y que todos los meses llevaba al pueblo para venderlas y comprar provisiones. Ya hacía dos años que la pareja estaba felizmente casada cuando decidieron tener un hijo y tres meses después de la decisión, a Isolina se le comenzó a notar la panza. Era un baroncito, según Evaristo. Una noche de tormenta llegó un ex convicto a la casa del matrimonio y después de robar sus pertenencias, asesinó a Isolina y a Evaristo con un tiro en la cabeza. Ocho meses después del asesinato, Isolina, en su condición de fantasma, daba a luz a un hermoso niñito de piel grisácea y transparente al cual bautizaron con el nombre del padre de Evaristo.

14/10 - El chimpancé que lee Poe.

En el zoológico hay un chimpancé sumamente inteligente. Nació en cautiverio y desde pequeño se notó una clara superioridad respecto a sus padres y a sus compañeros de jaula ya que Gordon, el chimpancé, demostraba gran voluntad y predisposición para aprender y comprender. Un día, el cuidador de los chimpancés llevó un libro de Edgar Allan Poe al zoológico y se sentó a leerlo al costado de la jaula. Gordon, que demostraba un profundo afecto por el cuidador, se acercó a su lado y éste, quien demostraba una indudable preferencia hacia Gordon, comenzó a leer en voz alta. Al año Gordon ya sabía leer y su cuidador, contento por el logro de su predilecto, le regaló una mesita de luz con un velador, una biblioteca con la antología de Poe y un cómodo sillón de cuero. Por las noches se ve una luz encendida en la jaula de los chimpancés.

13/10 - Mientras hacía dedo.

Estaba haciendo dedo para viajar a su pueblo cuando la vio por primera vez. Era increíblemente pequeña y su tamaño no superaba al de una Vaquita de San Antoño. La vio tan diminuta que apenas alcanzó a distinguir que se trataba de una mujer con vestido negro a lunares. Le pareció de lo más extraño ver a una persona tan inhumanamente chiquita. Tan extraño que en un principio, hasta tuvo miedo de acercarse. En un momento se agachó a atarse los cordones y alcanzó a divisar que la mujer con vestido a lunares le levantaba la mano amablemente, como llamándolo. Qué criatura más extraña la microscópica mujer a lunares, pensaba él, pero igualmente respondió y decidió acercarse. Caminó algo así como 2 kilómetros y al final del recorrido, estando a unos 100 metros de distancia, pudo darse cuenta que el tamaño de la mujer era el de una mujer normal.

12/10 - Náufrago.

Volaba hacia el continente Africano cuando explotó el motor derecho del avión. En el mar pude hacerme con una balsa inflable y junto a otras tres personas navegamos hacia donde se les antojó a las olas hasta llegar a una isla. Al pasar el tiempo mis tres acompañantes fueron cayendo uno a uno, víctimas de los maltratos de la naturaleza salvaje, y terminé quedando solo. En la isla tuve que aprender a hacer todas las tareas que había logrado esquivar estando felizmente casado en una sociedad civilizada. Aprendí a cazar, a cocinar mis presas, a amueblar mi cueva para que se vea más amena, a trepar palmeras, a hacer fuego, en resumen, aprendí a sobrevivir. Después de ser rescatado por un barco que pasaba a unos kilómetros de la isla, según me dijeron, puesto que yo no había logrado llevar la cuenta, habían pasado solo dos días desde el accidente.

Semana de Invitados - Presión.

Es sólo hasta que tenga tiempo para lidiar con él, se dijo para sus adentros Elicio mientras guardaba un disgusto dentro de su pecho, justo entre un mal recuerdo de la infancia y un te amo que nunca se animó a decirle a Estervina. Escondido en un rincón por culpa del qué dirán había arrojado su miedo al ridículo. No era el momento adecuado, fue la excusa para suprimir un intento de caricia y abandonarla al lado del remordimiento que sintió varios años atrás por no pedirle disculpas a su hermano luego de una pelea. Su pasión había quedado aplastada bajo el miedo al fracaso y a su lado yacía un cúmulo de sentimientos olvidados y enmohecidos por el tiempo. Una inquietud fue lo último que logró colocar dentro de su pecho minutos antes de que su corazón sucumbiera ante la presión de toda una vida.


Nicolás Ronco.

Semana de Invitados - Ciento cincuenta.

Ciento cincuenta es mucho, si lo pensamos en tiempo.
Ciento cincuenta años para que volvamos a ver un cometa, ciento cincuenta meses sin ver a un amigo, ciento cincuenta días sin ir al baño, ciento cincuenta horas sin tener sexo, ciento cincuenta minutos de trabajo de parto, ciento cincuenta segundos sin respirar. Uff demasiado.
Ciento cincuenta es exagerado, si lo pensamos en cantidades.
Ciento cincuenta alfajores triples de chocolate en una sola tarde (con un vaso de chocolatada para bajarlos, claro), o las ciento cincuenta veces que te imaginaste desnudo a tu compañero de box en un solo día. Ciento cincuenta zombies hambrientos en una habitación, ciento cincuenta mails para reclamar un pago, ciento cincuenta mensajes de texto para levantarte a alguien que conociste en un bar, un exceso.
Ciento cincuenta es poco, si lo pensamos en palabras para relatar una historia.
Ciento cincuenta es chiquito.
Ciento cincuenta es nada.


Gaby Arango.

Semana de Invitados - El día que decidí dejar a mi novia.

El día que decidí dejar a mi novia fue un día difícil. ¡Tanto tiempo habíamos pasado juntos! 3 años, 6 meses y una semana de una pareja inseparable.

Un mes pasó desde que nos conocimos hasta que empezamos a convivir. Mismo trabajo, mismo grupo de amigos. Mismos gustos musicales, gastronómicos y de películas. Si no fuese porque ella es rubia y yo morocho podrían creer que somos mellizos. Por eso y por el hecho de que tenemos distintos padres. Pero principalmente por el pelo.

En fin, creímos que nunca nos íbamos a separar. Pero el destino nos deparó otra cosa. Era lunes cuando después de 1275 días de bañarnos, desayunar, dormir y vivir juntos la dejé en la peluquería mientras yo compraba la comida en la roticería. Tuve que tomar esta decisión porque sino la roticería cerraba y estábamos tentados de pollo al espiedo. 2 horas después volví por ella.


Hernán Valenza.

Semana de Invitados - Domingo de julio a la tarde.

Carolina, fatal, eligió dejarme un domingo de julio a la tarde. Nublado. Yo andaba en bicicleta, nos encontramos en la plaza y me dejó.
Carolina tenía los ojos grandes y yo exhalé un pedido de prórroga que no prosperó porque Carolina tenía los ojos grandes y se dio vuelta y encaró por la diagonal de la plaza con rumbo Nor-Noreste.
Como era domingo de julio a la tarde, llovió. No podía ser de otra manera. Un tipo pasó corriendo huyéndole a mojarse.
Después fue otro, después fue la población de la plaza entera. Los rayos de la bicicleta sentían la mordida de lo que iba a ser una segura herrumbre, mi espalda empezó a sentir el reguero frío de las gotas, y allá, como ajena a la furia de los elementos Carolina, yéndose, dándome la espalda, borroneándose, fundiéndose con la lluvia y los autos y el asfalto y el horizonte.


Federico Watkins.

Semana de Invitados - Nacer, Crecer, Rutina, Morir.

Despertó y estaba muerto. Estaba frío y su corazón ya no latía. Volteó a decírselo a su esposa.
-Estoy muerto, morí mientras dormía.
-Oh!, perdóname, yo también dormía, no te escuché morir.
Se levantó, fue al baño y se afeitó. Se cortó varias veces, pero no sangró, estaba muerto.
Era hora de ir a trabajar, aún muerto tenía responsabilidades que cumplir.
Rechazó el desayuno que solícitamente su esposa le había preparado. No tenía hambre, estaba muerto.
El colectivo llegó a la misma hora, como cada día los últimos veinte años. En su camino por abrirse paso entre la agolpada multitud de gente, que como él, contaba los minutos y las cuadras que los separaban del siguiente día, igual al anterior; su mano se encontró con otras, estaban frías. También estaban muertos.


Rodrigo Barrera.

11/10 - Besos en el cuello.

Se despertó a la mañana sin poder recordar cómo había vuelto a su casa. Tenía sí un recuerdo borroso de la fiesta y de las risas con sus amigas, recordaba también haber entablado una agradable conversación con un culto e inteligente hombre mayor que había despertado sus instintos animales más salvajes y por último, esforzando la memoria, llegó a recordar que se habían apartado del tumulto de gente para charlar más tranquilamente sin ser molestados por el constante murmullo. No era su costumbre tomar demasiado y tampoco le parecía haberse dejado llevar por el vino. Ella nunca se pasaba del límite. En la parte más alejada y oscura del jardín sucedió el último momento que le vino a la mente y fue cuando estaba por aventurarse a un beso. Llegó al baño y al verse en el espejo del botiquín notó que tenía dos leves marcas rojas en su cuello.

10/10 - Objetos perdidos.

El Señor Gonzáles era el encargado del sector de objetos perdidos en un parque de diversiones. Gonzáles era feliz con su empleo porque todos los días les eran distintos, ya que decenas y docenas de objetos impensados llegaban a su poder todos los días. Dueño absoluto de su reino de cosas extraviadas, catalogaba los objetos y los apilaba en las estanterías. Algunos, los que después de un año nunca se habían reclamado, terminaban perteneciéndoles al Señor Gonzáles. En sus estanterías había de las cosas más simples como una colita de pelo, a las más extrañas, como una dentadura postiza. Pero un domingo a la tardecita llegó a su poder el objeto más extraño de todos: un corazón que seguramente algún despistado o despistada había dejado caer. Catalogó al órgano humano como a todos los objetos y lo archivó en la estantería. Después del año, el corazón pasó a ser suyo.

9/10 - El hombre caricatura.

Richard Aston nació con la capacidad de convertirse en un dibujo animado. Con sólo pensarlo, Richard puede transformar todo su cuerpo humano en una caricatura de sí mismo y adquirir los poderes y virtudes que tiene un dibujo animado, pero estando inserto en el mundo real. De esta forma, en un mundo donde la bala de un revolver puede terminar con la vida de la carne humana que la reciba, a Richard Aston sólo le hace un gracioso agujero que traspasa su cuerpo de lado a lado. Las dinamitas, en vez de destrozarlo en mil pedazos simplemente lo manchan un poco de negro y después de caer de un precipicio, sólo necesita volver a inflarse. Inmune al peligro mortal de cualquier ser humano, el Hombre Caricatura se dedica a combatir el crimen de las calles y eventualmente salva a la humanidad de los malvados supervillanos que amenazan constantemente nuestro planeta.

8/10 - La caja oscura.

Tocaron el timbre y atendí. Era el cartero que traía una caja a mi nombre. La entrega era anónima puesto que no tenía ninguna información sobre su remitente. Firmé la planilla para dejar asentada la buena labor del cartero, cerré la puerta, caminé hasta el living, dejé la caja en la mesita ratona y me senté en el sillón a mirarla pensativo y curioso hasta que me decidí. Al abrirla me di cuenta de que no había absolutamente nada en su interior, o sí había, pero no podía distinguirlo porque dentro de la caja reinaba una completa oscuridad. Fui a buscar una linterna para iluminar su interior pero ninguna luz podía abrirse paso ante la espesa negrura que contenía. Tomé valor y metí mi mano para investigar pero no encontré nada, ni siquiera el fondo de la caja. Al querer sacar la mano ya era tarde, todo se había oscurecido.

7/10 - La fábrica de los osos de peluche.

Fui a la juguetería para comprar un regalo y me decidí por un oso de peluche. El oso era marrón y en su panza se veía un círculo bien diferenciado por un marrón más claro. En el medio de ese círculo había una pequeña costura que no podía ser otra cosa más que un pupo. Sin lugar a dudas, el ombligo del oso de peluche era una clara evidencia de la existencia previa de un cordón umbilical. Como yo ya había descartado la posibilidad de auto reproducción, puesto que todos los osos exhibidos carecían de órganos sexuales, me quedaba como única opción la hipótesis de que los suaves y afelpados mamíferos habían sido concebidos por un ser humano. Cuando llamé a la empresa que fabrica los osos para plantearles mis dudas, me ofrecieron una visita a la fábrica, lugar donde pude ver a cientos de mujeres pariendo osos de peluches.

6/10 - Ojos desorbitados.

Se sacó el ojo derecho y lo miró con el izquierdo. Luego lo puso en su lugar. Después se sacó el ojo izquierdo y lo usó para mirar al derecho. Haciendo esos movimientos notó que al extraer un ojo de su posición habitual, no afectaba a su funcionamiento y podía seguir viendo perfectamente. Otra observación interesante fue que al sacar a un ojo de su órbita, el cerebro no procesaba la visión de sus dos miradas en conjunto, sino que las entendía y mostraba separadamente. Eran dos mitades independientes que sólo se acoplaban cuando volvía a colocar los ojos en su posición habitual. Fue una sensación un tanto extraña, muy distinta al espejo porque al correr el ojo de su órbita podía observarse a si mismo desde otra perspectiva sin necesidad de algo que reflejara su figura. Una habilidad un tanto extraña para nosotros, pero no para Pantrocio, el extraterrestre.

5/10 - Gravedad cero.

Por alguna de esas extrañezas inexplicables de la ciencia, el lunes cinco de octubre a eso de las nueve y media de la mañana, el interior de mi casa dejó de ser afectado por la gravedad terrestre. Me desperté flotando al lado de cuatro o cinco libros de mi biblioteca y al principio casi muero del susto porque no tardé en relacionar la situación con un fenómeno paranormal; pero luego comprendí que mi casa no estaba infestada de fantasmas sino que todo su interior se antojaba exento de ley de gravedad. En mi departamento todo volaba sin ningún tipo de control. Lo primero que hice fue impulsarme hasta el teléfono y llamar al trabajo para avisar de mi ausencia y aprovechar para disfrutar del acontecimiento al máximo. Flotar por mi casa en gravedad cero fue sin dudas la mejor experiencia de mi vida, el momento más largo de felicidad continua.

4/10 - El robot asesino.

El robot se enfureció con su creador y descargó toda su furia metálica en la cabeza de quien le había dado vida. Al darse cuenta de que había cometido un terrible error, al darse cuenta de que se había convertido en un asesino, el robot salió corriendo hacia el bosque y se ocultó en una oscura y húmeda cueva. Su coraza de acero parecía sudar por el cansancio y una gota de agua que descendía de una estalactita cayó justo debajo de uno de sus ojos, regalándole una lágrima. No sabía si lamentaba lo que había sucedido o si había sido amaestrado para comprender que había obrado mal. Las tres leyes se habían desvanecido minutos atrás y habían quedado sepultadas en la escena del crimen. Después de procesar los datos, el robot comprendió al homicidio como su primer acto humano, el segundo fue la tristeza y por último la vergüenza.

3/10 - El caballo de carrera.

El psiquiatra terminó su ronda diaria en el psiquiátrico. Después de haber atendido a todos sus pacientes hizo un repaso mental de todos ellos, pero le dedicó principal atención a un caso especial. Alejandro es uno de los pacientes preferidos del doctor. Se trata de un caballo que cree que es un caballo de carrera y se la pasa todo el tiempo corriendo y relatando sus movimientos como si estuviera en una carrera de caballos. Alejandro se hace llamar a sí mismo como Moon Cake y la mayoría de las veces juega a ganar competencias por una nariz de diferencia con otros caballos. Moon Cake come alfalfa todos los días, tiene unas patas formidables y una figura reluciente pero lamentablemente, es un simple caballo de carga que se cree que es un pura sangre. Para el psiquiatra es un verdadero desperdicio que el único caballo parlante, esté loco de remate.

2/10 - El especialista en suicidio.

Cansado de intentar y fracasar me decidí a consultar a un especialista en suicidios. Fui a su consultorio un domingo a la tardecita, el único horario en el que atendía, y tuve una breve charla donde aproveché para contarle por qué quería terminar con mi vida. Fui exponiendo mi situación mientras el especialista, sentado en su sillón Luís XV, asentía con la cabeza y acariciaba a un gato que tenía sobre su falda. Sobre la pelada de su cabeza se asomaba un gran ventanal donde se podía observar la lenta muerte del sol. A su costado había una triste mujer que planchaba camisas sobre una tabla de planchar. El sonido amargo de un tango con vicios de radio AM apestaba el aire y sólo era molestado por el viento constante del mar invernal que secaba mis lágrimas. El especialista sólo tuvo que señalarme el ventanal para que yo lo atravesara.

1/10 - Recuerdos mal recordados.

Andrés metió la mano en la oreja, sacó el recuerdo de su cabeza, lo puso en el microscopio y comenzó a analizarlo en detalle. Se vio en el banco de la plaza. Hizo un poco más de zoom con el microscopio y alcanzó a divisar los detalles más pequeños. Pudo ver que tenía los auriculares puestos y cómo el viento había cambiado su peinado. Le dio más zoom al microscopio y vio lo que estaba pensando en el recuerdo que estaba analizando. Luego alejó la lente y la movió hacia la chica que estaba por pasar por delante del banco. La siguió con atención e hizo zoom hacia sus grandes y azules ojos justo en el momento en que ella desfilaba delante suyo. Después de analizar esa fracción de momento miles de veces, llegó a la triste conclusión de que la chica no lo había mirado como él lo recordaba.

30/09 - Los ratones de la casa.

La casa estaba apestada de toda clase de roedores. Era un gran edificio, su historia era tan grande como su estructura y el inmenso tamaño servía únicamente para albergar a una enorme cantidad de ratones. Los bichos ocupaban la casa desde un primer momento y tenían absoluto control y poder sobre ella. Hacían lo que querían sin importar nada. Todas las alimañas respondían a un único ratón que reinaba sobre las baldosas de la casa y lo obedecían en cada uno de sus insensatos mandatos. Pero eso no es todo, el ratón también ambicionaba el territorio que excedía de los límites de su poder y sin ningún escrúpulo dictaba legislaciones, constituciones y ordenanzas que perjudicaban la vida de todos los ciudadanos que vivían fuera de su casa. Un día llegó un buen hombre tocando su flauta e hipnotizó a todos los ratones haciéndolos salir de la casa, que era rosada.

29/09 - Necesito un pulmón.

Su vida peligraba y ante la ausencia de donadores de pulmones, salió a buscar uno él mismo. Se desconectó los tubos y agujas a los que estaba enchufado y levantó lentamente su cuerpo de la cama. Hizo un esfuerzo sobrehumano pero el empeño y la tenacidad ante su objetivo fueron tan grandes que opacaron el dolor de la carne. Salió del hospital con su pijama blanco, sin siquiera cambiarse y con el paso lento que le corresponde a un enfermo terminal. Caminó hasta la esquina de una cuadra transcurrida del centro y se sentó al costado de un edificio con un cartel que decía “Necesito un pulmón”. Mientras tanto, en el hospital todos estaban preocupados y ocupados en encontrar al enfermo terminal que estaba a la espera de un órgano para ser operado, cuando de repente lo vieron llegar moribundo. Detrás de él le seguían unas cinco personas bien predispuestas.

28/09 - La lágrima.

La lágrima estaba a la izquierda del ojo derecho. Espiaba y miraba curiosa hacia abajo. Se la podía ver bien al costado, peligrando pero cuidándose, agarrada fuertemente como para no tropezarse y caer. Los parpadeos sollozos eran una constante amenaza y la pera temblante la tentaban al suicidio. Se notaba la fuerza que hacía para aferrarse a las húmedas pestañas y al mismo tiempo, eran increíbles las ganas que sentía de tirarse hacia abajo porque para eso había nacido: para dejarse deslizar y morir triste y sola a lo largo de la cara de su creadora. Ese era su destino, el de saltar rendida e ir desintegrándose y perdiendo fuerza hasta desaparecer por completo a mitad de su recorrido, ahogada en un pañuelo áspero y seco. La mujer vio que tapaban el cajón y la lágrima no aguantó. Se soltó consciente y junto a ella le siguieron otras miles más.

27/09 - Hambre.

Tenía hambre, no tenía nada en la heladera y me daba muchísima pereza ir a comprar algo. De todas formas el apetito me pudo y no me quedó otra que desistir a mi desgana. Fui a la habitación, más precisamente debajo del colchón y saqué un billete de cinco pesos como para comprarme unas masitas, pero antes de salir de casa se me ocurrió una idea. Esa fue la primera vez que me alimenté con dinero. Desde ese día como todo tipo de billetes. Los de dos pesos los uso a modo de picada, a los de diez y los de veinte los uso para el almuerzo y a los de cincuenta y cien, los como en casos especiales. Me habían dicho que era algo excéntrico comer guita, pero lo que nunca me dijeron fue que los billetes eran adictivos. Ahora sólo trabajo para comer, no pienso en otra cosa.

26/09 - La vereda de los jubilados.

A la salida del trabajo me fui derecho a casa, pero para variar fui caminando. Y para sorprender aún más al destino decidí caminar las calles por donde nunca paso. Una aventura, si tenemos en cuenta que haciendo un cálculo por arriba hay como medio millón de combinaciones entre mi oficina y mi casa. Cuestión que agarré Urquiza derecho pensando en llegar hasta el río para después bordearlo y subir hasta mi casa por Laprida, pero antes de llegar al río vi una vereda llena de jubilados afuera de sus casas. Todos tenían una musculosa blanca y una boina. Todos apoyaban sus dos manos en un bastón y todos estaban sentados en una silla de madera. Al lado de cada silla había una radio que emitía la misma emisora AM. Conté unos treinta ancianos que parecían estar plantados en las veredas como si fueran flores. Voy a pasar más seguido.

25/09 - La gente buena.

El problema es que la gente buena no es mala. Si la gente buena se pudiera dar el lujo de ser mala, al menos una sola vez, podría combatir a la gente mala. Pero no, la gente buena es tan buena, tan estúpidamente buena que incluso deja que la gente mala les tome el pelo. “Pobres, no saben lo que hacen”, dice la gente buena refiriéndose a la gente mala mientras éstos últimos meten la mano en el tarro y les roban descaradamente en la cara a la gente buena. Pero la gente buena es tan buena, tan tontamente buena, que no dice nada. Una vez, la gente buena se cansó de que la gente mala les metiera la mano en el culo, así que salieron a protestar a los balcones. La gente buena se puso a golpear fuentes y cacerolas, y la gente mala se despanzó de la risa.

24/09 - Llamar la atención.

Hace poco conocí a un hombre en una fiesta. Desde el principio llamó mi atención porque obviamente ese era su cometido: hacerse ver. La voz fuerte y la risa exagerada de este señor despertaban no sólo mi interés sino también el de la mayoría de los integrantes de la fiesta. A algunas personas les caía bien pero muchos otros lo juzgaban mal. De todas formas se notaba que eso no le importaba puesto que obviamente, el objetivo del hombre era, como ya mencionamos anteriormente, llamar la atención. Pero llegó un momento de la noche en el que todos se olvidaron de la riza exagerada y la voz resaltante, las miradas y comentarios dejaron de pertenecerle al hombre extravagante y empezaron a pertenecerme a mí, que muerto de envida había decidido esforzarme al máximo para que mi risa sea mucho más llamativa que la del hombre, y mi voz más potente.

23/09 - Clasificados.

Estaba solo y aburrido cuando lo hizo por primera vez, aunque todavía no sabe si lo hizo porque estaba solo o porque estaba aburrido, pero lo cierto es que agarró el diario y buscó el clasificado. Llamó y lo atendió una mujer con una voz claramente forzada intentando ser seductora, le preguntó sobre el servicio, le pidió presupuesto y después de averiguar, cortó. Volvió a levantar el tuvo y marcó el mismo número, se anunció como “Oscar, el que llamó recién” y le pasó la dirección para que pasara por su casa. Se sentó a esperar hasta que tocaron el timbre. Abrió la puerta de entrada y por la voz de la mujer se dio cuenta que era la misma con la que había negociado el encuentro. Luego de hacer lo pactado la mujer se retiró. La historia se repite en cada detalle cada vez que está solo. O aburrido.

22/09 - La mujer más hermosa del mundo.

La mujer de la que voy a hablar tiene un nombre, el cual me lo voy a reservar para no generar falsas especulaciones ni divagaciones baratas. Tiene un color de pelo, como todo el mundo, pero ese es otro detalle sobre el que tampoco voy a hablar y como se vendrán imaginando, tampoco voy a mencionar mucho de sus ojos, simplemente decir que son lindos, pero la belleza es una particularidad que se le puede otorgar incluso a las más feas de las mujeres. Nadie va a poder imaginarse su cuerpo porque no tengo intenciones de escribir absolutamente nada de su cola, de sus senos o de sus piernas. Su color de piel también va a ser un misterio para ustedes. Lo único que les voy a dejar saber es que es la mujer más hermosa del mundo, es la única pista que necesitan para imaginarse de quién estoy hablando.

21/09 - El hombre del 21 de septiembre.

Obsesionado con el día de la primavera, calculó toda su vida para que los momentos importantes se dieran en esa fecha. El primer acontecimiento importante, el día en que festeja su cumpleaños, se dio por pura casualidad y desde ese día en adelante todos los sucesos fueron impuestos. Empezó a fumar el 21 y dejó un 21. Todos sus trabajos los comenzó el 21 de septiembre y renunció a ellos habiendo pasado exactamente uno o dos años. Ni un día más, ni uno menos. El 21 de septiembre se puso de novio, haciéndola esperar a su novia dos meses y unos días para que la fecha entrase dentro de su paranoia. Se casó también el 21 y calculó tan perfectamente el momento de la fecundación, que sus dos hijos cumplen los años el mismo día que él. A estas alturas, no hace falta decir el día en que decidió morir.

20/09 - El granadero comprometido.

Era el granadero más serio que jamás haya existido. Era tan serio y hacía tan bien su trabajo de estatua de granadero que su profesión siempre fue pararse a los costados de las puertas de los edificios patrios. El granadero podía soportar las situaciones más delirantes y graciosas sin siquiera hacer una mueca, y su inmovilidad no era interrumpida ni siquiera por las molestas moscas de verano que conscientes de la obligación del hombre, aprovechaban para divertirse paseando por su nariz, probando la indiscutible habilidad del granadero hasta que se cansaban e iban a molestar a otro lugar. El granadero se había acostumbrado tanto a su trabajo que incluso permanecía inmóvil en sus ratos libres. Se había acostumbrado tanto a su seriedad de granadero que cuando sentía ganas de reír, se aguantaba. Únicamente en su lecho de muerte se dio el lujo de mover un dedo y emitir una sonrisa.

19/09 - Amor por conveniencia.

Ella lo esperaba todas las noches, ansiosa por el encuentro. Se veían a escondidas en el campo para que nadie supiera de la fantástica historia de amor que estaban viviendo. Él, en cambio, sentía cierto miedo al tener que enredarse con ella, la más bella de todas, la más suave y cariñosa, la más silenciosa, la más prohibida. Sus vidas eran extremadamente distintas y la relación nunca se podría haber dado si no hubiesen contado con la clandestinidad de la noche donde las estrellas son las únicas testigos. Él era puntual y cuando llegaba al lugar acordado desde hacía ya unos meses, ella siempre estaba ahí, demostrando fidelidad y entrega. Pero lamentablemente él nunca pudo saber si en realidad la amaba, si la quería como ella se merecía ser querida o si simplemente era una joven y bella oveja que le servía para calmar su desesperante condición de campesino solitario.

18/09 - 150 años en 150 palabras.

Esquiladora, máquina de escribir, teléfono, fonógrafo, motor de cuatro tiempos, lamparita, automóvil, bicicleta de pedales, gramófono, ascensor eléctrico, rayos x, radio, periscopio, motor diesel, motor eléctrico compacto, zeppelín, tractor, frenos de disco, máquina de hacer botellas, electrocardiograma, cinturón de seguridad, lavarropas, modelo nuclear del átomo, acero inoxidable, heladera eléctrica, cremallera, semáforos luminosos, limpiaparabrisas, secador de pelo, televisor, tostadora, caucho sintético, antibióticos, motor a reacción, guitarra eléctrica, grabaciones estéreo, polietileno, nylon, radar, café instantáneo, fotocopiadora, bolígrafo, aerosoles, reactor nuclear, microondas, calculadora electrónica, computadora, transistor, long play, neumáticos radiales, tarjeta de crédito, central nuclear, plancha de vapor, velcro, video cámara, satélite espacial, lycra, teflón, satélite de comunicaciones, video casetera, procesador de textos, avión jumbo, reloj digital, video juegos, códigos de barras, computadora personal, walkman, catalizadores para automotores, cubo de rubik, trasbordador espacial, papeles autoadhesivos, tarjeta inteligente, corazón artificial, discos compactos, realidad virtual, fusión nuclear, celular, videoconferencia, Internet, google, wikipedia, twiter, blog, cientocincuentapordia.

17/09 - Restaurante de duendes.

Lejos de ser un restaurante atendido por duendes, era un restaurante donde todos los platos se preparaban con duendes. Así como existe un restaurante especializado en comida vegetariana o un restaurante donde sólo se sirven pastas, existió en un tiempo un famoso restaurante que se especializó en servir una gran variedad de platos preparados con la sabrosa carne de los duendes. Viajeros de todas partes del mundo pagaban fortunas para probar el exquisito y refinado sabor del muslo de duende con papas noisette. Otros de los platos más buscados eran la milanesa de lomo de duende con puré, las empanadas o tartas de duende, duende asado, el duende al disco salteado con vegetales, las albóndigas de duende y muchísimos platos más. El duende se convirtió en un producto altamente buscado y no tardó en ser una especie en peligro de extinción que se vio obligado a esconderse del ser humano.

16/09 - El hombre esclavizado.

La sombra de una persona no puede hacer muchas cosas. Siempre esclavizada al objeto del cual se desprende, no tiene mayor libertad que la de imitar las siluetas. Pero existió una vez un caso bastante particular, único sin lugar a dudas. La sombra de Martín a simple vista era una sombra como cualquier otra, puesto que parecía copiar las acciones de su dueño, pero en realidad era todo lo contrario. Martín no era dueño de su sombra sino que la sombra era la dueña de Martín, quien era manejado como un títere. La sobra no obedecía al hombre sino que era el hombre quien obedecía a la sombra. Martín no tomaba el desayuno porque quería, sino que era su sombra la que le obligaba a tomar el desayuno. Los únicos momentos en que él era libre, se daban cuando su sombra le dejaba apagar la luz para ir a dormir.

15/09 - La caja mágica.

Los límites de mi mundo son particularmente extraños. Puedo ver que la vida continúa del otro lado, puedo ver claramente que hay muchísimo espacio delante de mis ojos pero existe una especie de pared invisible que no me permite el paso. Hace tiempo que intento escapar pero los continuos fracasos me hicieron dar cuenta de que estoy encerrado en un mundo sin salida, una especie de caja cuadrada mágica que me muestra constantemente las prometedoras aventuras de lo que está del otro lado, haciéndome desear la libertad y al mismo tiempo aislándome completamente de ella. Pero no solo las paredes son mezquinas, el piso también es parte de la broma macabra en la que estoy viviendo, puesto que aunque se camufle debajo de una capa de aserrín, el suelo también es un obstáculo indestructible que eliminó desde el primer intento mi idea de esquivar los muros invisibles haciendo un túnel.

14/09 - La anaconda hambrienta.

Una vaca entera apartada del sol perdía la vida dentro del cuerpo de una inmensa anaconda, la cual se enrolló fuertemente en el tronco de un árbol para emparejar su largo y desfigurado cuerpo que había adquirido la forma de su víctima. Al otro día, cuando los 25 metros de largo habían vuelto a la normalidad, volvió a sentir hambre y tuvo que desayunarse un caballo junto con su jinete. Pero el bocadillo no alcanzó para saciar el apetito colosal que apremia a una anaconda de ese fantástico tamaño, y a lo largo del día se dedicó a adquirir las calorías necesarias para su subsistencia. Encontró un cocodrilo y lo comió en el almuerzo. Luego aprovechó una pareja de monos en la merienda. Llegada la hora de la cena, habiendo ya digerido a los desdichados mamíferos y sin encontrar presa adecuada para saciar su hambre, decidió comerse a sí misma.

13/09 - El niño quejoso

Vos no sabés lo que se siente -le dijo el niño a su madre- yo me tengo que levantar todas las mañanas para ir al colegio, lavarme la cara y desayunar. Estar atento todo el día adentro de un salón lleno de pibes, salir a jugar en los recreos y divertirme, pero temiendo que se cumpla la hora de volver a casa y tener que hacer las tareas. Fijate que casi no tengo tiempo de mirar tele o jugar a la play tranquilo. Así son todos los días de la semana, mamá. Y los chicos me cargan por el corte de pelo que me hiciste. Aparte, ni siquiera puedo tomar decisiones de nada porque vos estás todo el tiempo decidiendo por mí. Me elegís hasta los calzoncillos que me pongo. ¿A vos te parece que esto es vida? -se quejaba el niño sin saber la que le esperaba de grande.

12/09 - Autobiografía de la garrapata de barbas rojas.

Soy garrapata de espíritu aventurero y aunque la palabra tenga interpretaciones negativas, no me avergüenzo de llamarme también pirata. Pasé mi niñez en un pequeño poblado ubicado en el lomo de un perro policía callejero hasta que me escapé de mi hogar para buscar mi propio destino. Viajé de perro en perro aprendiendo los grandes secretos de la vida y terminé por convertirme en una sabia garrapata de barbas rojas. Entre mis innumerables virtudes de parásito he podido desarrollar una muy especial: la de controlar el huésped en el que habito. Hace muchísimos años atrás descubrí que al fijarme en la primera vértebra de los perros, podía acceder al control total de todos los músculos de mi víctima. Así cabalgué durante largo tiempo, paciente, perfeccionando mi poder y preparándome para este momento. Hoy me decidí por un nuevo huésped de mayor tamaño. Ahora lo estoy obligando a escribir mis crónicas.

11/09 - División de bienes.

No importa tanto narrar el motivo por el cual se pelearon, simplemente es necesario mencionar que la pelea fue fuerte, que la culpa fue de los dos y que el final fue contundente y de decisión mutua. Separarse era lo mejor. Los dos, inteligentes, optaron por dejar afuera a los abogados y hacer las cosas justas dividiendo todo a la mitad. Haciendo uso de una motosierra, empezaron por la habitación y dividieron la cama por la mitad, cortando también el colchón, las sábanas y la almohada. Le siguieron las mesitas de luz y también partieron al medio el ropero. Así continuaron con el resto de la casa cortando todos los objetos a la mitad. La tele, la mesa, el sofá, los cuadros, los libros, y hasta el auto. El trabajo finalizó cuando llegó la hora del hijo. Él marcó la línea divisoria con un fibrón, y ella procedió al corte.

10/09 - La fanática endeudada.

La fanática, habiendo ya tirado un osito de peluche perfumado al escenario, un par de aritos, una bincha y un collar, se quedó sin nada para arrojarle a su ídolo. Mientras tanto, el cantante no se daba cuenta que su voz, sus versos y su belleza aumentaban la euforia de la chica y ella, desgraciadamente, no tenía más nada para recompensarlo. Los gritos desesperados de la mujer se convirtieron en una catarrosa voz sin fuerza y al no poder hacerse escuchar, se siguió sintiendo en falta. Decidió tirar su corpiño. Luego completó el conjunto tirando la bombacha. Al ver que eso tampoco era suficiente, le tiró el vestido, las medias y las zapatillas. Pero la fanática quería entregarse por completo a su ídolo. Se arrancó la mano izquierda y la arrojó al escenario. Le siguieron las piernas, las tripas, el pulmón, el páncreas, el hígado y por último, el corazón.