16/09 - El hombre esclavizado.
La sombra de una persona no puede hacer muchas cosas. Siempre esclavizada al objeto del cual se desprende, no tiene mayor libertad que la de imitar las siluetas. Pero existió una vez un caso bastante particular, único sin lugar a dudas. La sombra de Martín a simple vista era una sombra como cualquier otra, puesto que parecía copiar las acciones de su dueño, pero en realidad era todo lo contrario. Martín no era dueño de su sombra sino que la sombra era la dueña de Martín, quien era manejado como un títere. La sobra no obedecía al hombre sino que era el hombre quien obedecía a la sombra. Martín no tomaba el desayuno porque quería, sino que era su sombra la que le obligaba a tomar el desayuno. Los únicos momentos en que él era libre, se daban cuando su sombra le dejaba apagar la luz para ir a dormir.
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