3/09 - Violación del tercer tipo.
Era de noche cuando Amalia volvía a su casa. La calle estaba desolada y el silencio sólo era interrumpido por el maullido alejado de un gato en celo. Conciente del peligro de la inseguridad que reina en las calles, Amalia llevaba en su mano derecha un aerosol para defensa personal que de nada sirvió ante los ojos violetas del atacante. Uno de los brazos del individuo se encargó de desarmarla mientras que al mismo tiempo, los otros seis brazos se ocuparon de inmovilizarla y taparle la boca para impedirle pedir auxilio. El violador abdujo a su víctima hasta un callejón oscuro haciendo uso de los diez tentáculos que utilizaba para desplazarse y cuando estuvo a resguardo de los ojos ajenos, aprovechó para abusar sexualmente de la mujer. El alienígena la penetró con sus lenguas verdes incontables veces hasta que Amalia, cansada de resistirse, se entregó por completo a la muerte.
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