29/09 - Necesito un pulmón.

Su vida peligraba y ante la ausencia de donadores de pulmones, salió a buscar uno él mismo. Se desconectó los tubos y agujas a los que estaba enchufado y levantó lentamente su cuerpo de la cama. Hizo un esfuerzo sobrehumano pero el empeño y la tenacidad ante su objetivo fueron tan grandes que opacaron el dolor de la carne. Salió del hospital con su pijama blanco, sin siquiera cambiarse y con el paso lento que le corresponde a un enfermo terminal. Caminó hasta la esquina de una cuadra transcurrida del centro y se sentó al costado de un edificio con un cartel que decía “Necesito un pulmón”. Mientras tanto, en el hospital todos estaban preocupados y ocupados en encontrar al enfermo terminal que estaba a la espera de un órgano para ser operado, cuando de repente lo vieron llegar moribundo. Detrás de él le seguían unas cinco personas bien predispuestas.

No hay comentarios: