20/09 - El granadero comprometido.
Era el granadero más serio que jamás haya existido. Era tan serio y hacía tan bien su trabajo de estatua de granadero que su profesión siempre fue pararse a los costados de las puertas de los edificios patrios. El granadero podía soportar las situaciones más delirantes y graciosas sin siquiera hacer una mueca, y su inmovilidad no era interrumpida ni siquiera por las molestas moscas de verano que conscientes de la obligación del hombre, aprovechaban para divertirse paseando por su nariz, probando la indiscutible habilidad del granadero hasta que se cansaban e iban a molestar a otro lugar. El granadero se había acostumbrado tanto a su trabajo que incluso permanecía inmóvil en sus ratos libres. Se había acostumbrado tanto a su seriedad de granadero que cuando sentía ganas de reír, se aguantaba. Únicamente en su lecho de muerte se dio el lujo de mover un dedo y emitir una sonrisa.
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