25/11 - Señor Alcalde.

La gente que es honesta, Señor Alcalde, es porque todavía no le han dado la oportunidad de estafar. Y la gente que tuvo la oportunidad y no la utilizó, fue porque la tajada no era lo suficientemente buena. Si usted todavía no le estrechó la mano al diablo, Señor Alcalde, no fue porque es éticamente correcto, sino porque esperaba sacar más beneficio en la próxima oferta. Todos nos vendemos al mejor postor, no tiene por qué avergonzarse. Y si no nos vendemos, es porque la propuesta todavía sigue sin cumplir nuestras expectativas. Es cuestión de que el vendedor siga aumentando el número de beneficios para que el soborno se cumpla. Tal es así que la gente poco ética es la que se deja sobornar por poco y, quienes tienen ética, es simplemente porque todavía no escucharon una buena oferta. Para ahorrar tiempos, Señor Alcalde, ¿cuánto me va a costar corromperlo?

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