29/11 - Abanicos.
Quebré los abanicos de las señoras refinadas que se aireaban con aires de grandeza y superioridad. Los quebré, los tiré al piso, los escupí y los pisé repetidas veces para que se dieran cuenta de mi bronca, mi bronca, mi gran bronca. Piso los abanicos una y otra vez mientras mantengo mis ojos fijos y llenos de odio en las sorprendidas caras de las refinadas señoras. Y después, dejo de pisar los abanicos y las escupo a ellas. Las escupo con el moco baboso y verdoso que extraigo desde atrás de mi garganta. Y escupo. Después las piso, repetidas veces, las piso con el mismo pie, mi pie, que calza bota de trabajador. Las tiro al piso y las piso hasta teñir de rojo las baldosas. Las piso hasta que la pintura se coagula. Y después las escupo, extraigo de mi garganta un arsenal de mocos babosos, y las escupo.
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