14/11 - La inteligencia de la idiotez.
Es mucho más difícil hacerle creer a alguien que uno es idiota, que hacerle creer que es inteligente. En lo particular se me complicó bastante dominar la técnica pero, obviamente, los beneficios que me trajo aparejado la supuesta idiotez, fueron inmensos. Mayores y mejores que los relacionados con la inteligencia, o supuesta inteligencia. Cuando los demás piensan que uno es idiota, no hacen demasiado esfuerzo en querer ganarme, me subestiman y se quedan tranquilos, relajados, con la guardia baja. Mientras tanto, yo, el idiota, cocino el plato y espero a que se enfríe. Luego, el zarpazo, la sangre derramada, la venganza. Dulce y cariñosa venganza que revierte situaciones. Justa y merecida venganza. –¿Quién es el idiota ahora?– le pregunto a mis víctimas que me miran asombradas. Les clavo la mirada y fijo mis ojos en los suyos para que puedan ver dentro de mi alma. Para que mueran con miedo.
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