6/09 - Lo último que me queda.
Alejandro trabajaba en la fábrica del Sr. Burgton y a cambio de todo un mes de trabajo forzado recibía unos escasos chelines que apenas le alcanzaban para alimentarse. Cansado del maltrato y la pobreza, Alejandro se jugó a todo o nada. Un día aprovechó para poner un tablón sobre dos caballetes en la vereda y colocar un cartel en el que se leía lo siguiente:
“Vendo lo último que me queda”.
Así, antes de perderlos, Alejandro puso en venta sus valores más preciados. Los resultados fueron abundantes y provechosos. A un precio más que conveniente el chico consiguió vender su dignidad, su esperanza y sus sueños en una sola tarde. Con el dinero que recaudó con la venta, aprovechó para comprar la fábrica del Sr. Burgton y tomarlo como empleado para no demostrar rencores, recuperando así todas las pertenencias que había vendido y generando además un ingreso extra para subsistir.
“Vendo lo último que me queda”.
Así, antes de perderlos, Alejandro puso en venta sus valores más preciados. Los resultados fueron abundantes y provechosos. A un precio más que conveniente el chico consiguió vender su dignidad, su esperanza y sus sueños en una sola tarde. Con el dinero que recaudó con la venta, aprovechó para comprar la fábrica del Sr. Burgton y tomarlo como empleado para no demostrar rencores, recuperando así todas las pertenencias que había vendido y generando además un ingreso extra para subsistir.
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