14/09 - La anaconda hambrienta.

Una vaca entera apartada del sol perdía la vida dentro del cuerpo de una inmensa anaconda, la cual se enrolló fuertemente en el tronco de un árbol para emparejar su largo y desfigurado cuerpo que había adquirido la forma de su víctima. Al otro día, cuando los 25 metros de largo habían vuelto a la normalidad, volvió a sentir hambre y tuvo que desayunarse un caballo junto con su jinete. Pero el bocadillo no alcanzó para saciar el apetito colosal que apremia a una anaconda de ese fantástico tamaño, y a lo largo del día se dedicó a adquirir las calorías necesarias para su subsistencia. Encontró un cocodrilo y lo comió en el almuerzo. Luego aprovechó una pareja de monos en la merienda. Llegada la hora de la cena, habiendo ya digerido a los desdichados mamíferos y sin encontrar presa adecuada para saciar su hambre, decidió comerse a sí misma.

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