9/12 - No nos despidamos, Marcela.
Monté sobre mi cebra voladora, pasé a buscar a Marcela y nos fuimos trotando hacia el cielo. Nos desnudamos en las nubes y nos arrastramos tal víbora sobre las pompas de pan de azúcar. Recogimos los frutos del viento. Comimos de la nada hasta engordar, hasta empacharnos de color gris tormenta. Nos bañamos desnudos en lloviznas vergonzosas, pudorosas de vernos vomitar caricias. Saludé a Marcela al envejecer, dejé mi alma secándose en el prado estrellado de césped y me lancé aeroplano hacia el mar salado de peces. Me enterré en aguas gelatinosas y escarbé hacia el fondo, respirando flores mientras avistaba cardúmenes de suicidas de colores. Emergí mugriento en el inodoro de mi casa, bajé la tapa, me subí los pantalones y tiré la cadena. Me lavé las manos, me lavé la cara y fui a buscar de nuevo a Marcela. Le hice prometer que no nos despidamos nunca más.
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