16/12 - Siestita de verano.
La tarde estaba nublada y aproveché para descansar de las faenas matutinas en una clásica siestita de verano. Ese día, todos los sonidos relajantes de una siesta hicieron música para mis sueños y no tardé en caer en una tranquila y profunda relajación. Cerré los ojos junto al poder adormecedor del ruido de mi ventilador de pie e instantáneamente, le siguió el golpear de unas tranquilas gotas de lluvia sobre el techo de chapa. Me quedé dormido mientras el agua acariciaba el vidrio de la ventana. Desperté al otro día, a la mañana temprano. La primera sensación fue una extraña culpa por haber perdido medio día de trabajo pero, inmediatamente, la preocupación fue suplantada por una grata sensación de alegría. Sentía mis maltratados músculos totalmente relajados, como si no los tuviera. Al levantarme de la cama, mi cuerpo se quedó durmiendo en ella, solo, abandonado, putrefacto en el mundo terrenal.
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