7/10 - La fábrica de los osos de peluche.
Fui a la juguetería para comprar un regalo y me decidí por un oso de peluche. El oso era marrón y en su panza se veía un círculo bien diferenciado por un marrón más claro. En el medio de ese círculo había una pequeña costura que no podía ser otra cosa más que un pupo. Sin lugar a dudas, el ombligo del oso de peluche era una clara evidencia de la existencia previa de un cordón umbilical. Como yo ya había descartado la posibilidad de auto reproducción, puesto que todos los osos exhibidos carecían de órganos sexuales, me quedaba como única opción la hipótesis de que los suaves y afelpados mamíferos habían sido concebidos por un ser humano. Cuando llamé a la empresa que fabrica los osos para plantearles mis dudas, me ofrecieron una visita a la fábrica, lugar donde pude ver a cientos de mujeres pariendo osos de peluches.
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