23/10 - Obedecer.
Eran las tres de la tarde y la casa estaba tenuemente iluminada por una lamparita amarilla de no más de 60 watts. Afuera era primavera. Adentro parecía otoño. Después de pasar la soga sobre la viga y atarla fuertemente, se subió sobre un banquito de madera que aguardaba impaciente justo debajo de la soga. Pasó el lazo por su cabeza, lo ajustó al cuello y un instante antes de empujar la base con sus piernas, sonó el teléfono. Seguramente era de la oficina. No lo dejaban tranquilo y ese era uno de los tantos motivos que estaban a punto de convertirlo en un suicida. Obediente a su costumbre de obedecer, desajustó el lazo, se bajó del banco para atender la llamada y tuvo una conversación de no más de un minuto, donde le encargaron subirse a un banco y atarse una soga al cuello. Al menos así lo entendió él.
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2 comentarios:
Bufff, éste es bueno, bueno. Terrible final. ¿Me puedes haces un top ten de tus favoritos? De todos modos, iré echándole un vistazo a tu blog y con tu permiso te añadiré a mi lista de blogs.
Un saludo.
Buena idea Víctor.
Dale, en días más voy a dejar una listita de mis favoritos así la gente no se come los cuentos garrones. Ja!
Abrazos y mil gracias por pasar por acá.
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