5/02 - El poder de la huerta.
Dio la casualidad de que yo me había quedado sin abuela justo en el momento en que mi abuelo perdió a su esposa. Eso hizo que me quedara un tiempo en su casa para hacerle compañía. Mi abuelo vivía bastante cerca del pueblo. Recuerdo que en la mudanza llevé una pequeña caja agujereada donde transportaba a Conan, mi tortuga.
Eran las seis de la mañana cuando lo escuché trabajar en la quinta y me levanté para hacerle compañía. Cuando le hablé por la espalda se ve que lo asusté, haciéndole cambiar el rumbo de la pala de punta. Se agachó rápidamente al piso, agarró un cascote y salió corriendo gritando al trote que no iba a tardar mucho. Tardó un buen rato. Cuando volvió, me dijo que había encontrado a Conan en la quinta y se ve que había comido mucha lechuga, porque mi tortuga estaba el doble de grande.
Eran las seis de la mañana cuando lo escuché trabajar en la quinta y me levanté para hacerle compañía. Cuando le hablé por la espalda se ve que lo asusté, haciéndole cambiar el rumbo de la pala de punta. Se agachó rápidamente al piso, agarró un cascote y salió corriendo gritando al trote que no iba a tardar mucho. Tardó un buen rato. Cuando volvió, me dijo que había encontrado a Conan en la quinta y se ve que había comido mucha lechuga, porque mi tortuga estaba el doble de grande.
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4 comentarios:
Gracias Diego! :D
A mi me pasooo!! A mi me pasó!!! Snif Snif!!! Me fui de vacaciones y a mi tío se le escapó la tortuga!!! Se fue por una rejilla.
Cuando volví de mis vacaciones la tortuga estaba al doble de su tamaño y no quise dejarsela más pq le daba mucho de comer!!!
Jajaja! Sí, pasa bastante seguido.
A mí me pasó que cuando éramos chicos nos compraron 4 tortuguitas bebés, una para cada hermano. Al segundo día, nos despertamos y fuimos corriendo al patio en busca de nuestros pequeños y escurridizos animalejos. Resulta que no encontramos más a las 4 tortugas sino a mi perro rodeado de 3 caparazones y con uno en la boca. Menos mal que las tortugas no estaban cuando mi perro decidió agarrar sus caparazones. Prefiero imaginarlas libres y desnudas recorriendo el mundo y no en la panza de nuestro can. Ah, y para los que lo hayan pensado, No, no llamamos a nuestras tortugas Donatello, Miguel Angel, Leonardo y Rafael.
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