12/03 - Quince minutos.
Se levantó quince minutos antes, lo que afectó a la clásica rutina logrando que fuera al baño con quince minutos de anticipación. Por consiguiente, se preparó el desayuno quince minutos antes de lo acostumbrado, pero apresurado como si estuviera llegando tarde, como siempre. Eso hizo que ganara cinco minutos más y cuando se empezó a poner el traje, lo hizo con la misma velocidad que amerita el estar llegando tarde a una reunión, solo que en este caso, tenía tiempo de sobra. Para estas alturas se había despertado quince minutos antes, ahorrado cinco minutos en el desayuno y dos minutos más vistiéndose. En total, 22 minutos que no hacían falta economizar. Si al menos se hubiera enterado que se había levantado con quince minutos de anticipación, no habría sido necesario ganar esos siete minutos. Pero si no hubiera ganado esos siete minutos, seguramente, ahora no la conocería. La hermosa coincidencia.
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