13/06 - Hombre pez.
Armando maldice el día que se antojó de comprarse una pileta. En cierto punto se compadece, pues era su sueño, la cosa que más ansiaba en el mundo, su deseo de hombre mayor con familia, casa de fin de semana, hijos, mascotas y una gran pileta con trampolín. Eran tantas las ganas de tenerla que incluso se levantaba temprano para ayudar a los obreros que trabajaban en su anhelada piscina. Cuando por fin estuvo terminada, armó una fiesta de inauguración en la que invitó a sus padres, para que vean su resplandeciente pileta, y a los vecinos de al lado, para que envidien su ostentosa pileta. Armando la estrenó usando el trampolín para enroscarse como una bola y caer en el agua. Allí pasó casi tres meses sin salir, tiempo suficiente para que le salieran sus merecidas escamas tal como lo había presagiado su madre el día de la inauguración.
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