15/06 - El hombre que me vendió una conciencia tranquila.

Hay un hombre que vende conciencias tranquilas, de otra forma, cómo se explica que no me sienta culpable por asesinar a mi mascota con un palo de amasar. Venía un hombre por la vereda y se paró a mi lado, yo justo había terminado de amasarle el cráneo a mi perro. Mi acto se justifica, ya que lo había hecho para que dejara de sufrir. Minutos atrás le había reventado el estómago con la rueda del auto y el pobre, al tener la panza abierta al medio no podía respirar bien, así que tuve que matarlo definitivamente antes de que siga sufriendo. Mis lágrimas estaban todavía húmedas cuando el misterioso señor que se me había acercado me dijo si quería comprarle una conciencia tranquila. Me la dejó a un buen precio. La pagué en efectivo, la desenvolví y me la tomé. Cinco minutos después se me había pasado la culpa.

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