18/08 - Debajo del agua.

Me zambullí en el mar porque muy al fondo vi que había una figura brillante y quería saber de qué se trataba así que me apresuré a nadar hacia abajo y mientras más bajaba más presión sentía en mis oídos pero como ya había pasado la mitad del recorrido no quería dejar la empresa a medio hacer así que insistí y seguí insistiendo con mi capricho hasta llegar a un punto en el que sentí que no aguantaba más y mi esfuerzo por mantener la boca cerrada se debilitó dando paso a una catarata de agua entrando a mis pulmones que me hizo desistir y desesperado comencé a nadar hacia la superficie casi sin poder contener el paso del agua hacia mi sistema respiratorio que se inundaba junto con las esperanzas de encontrar oxígeno hasta que emergí, y respiré. Ese día aprendí que debajo del agua, no existen las comas.

4 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Walter, se me cae al final. ¿Sabes por qué? Porque yo, como lector, sentía el desespero al no tener las comas. Era evidente que era un recurso a propósito lo que lo hace magnífico. Pero al final revelas el secreto.

Si te parece bien una sugerencia, yo te diría que te quedes en: luego salí, y, claro, ya con comas, respiré.

Walter Giulietti dijo...

Es una buena sugerencia Esteban. Gracias!

Esteban Dublín dijo...

Un placer, mi querido amigo.

Anónimo dijo...

¡Me encantó! y me parece que se mejora con la sugerencia de Esteban... No lo expliques, dejáselo al lector. ¡Beso!. Tía Lau