13/01 - Al menos lo intentó.

Pienso, luego existo. Mmm… no me convence. Pienso, luego pienso, luego siento. No no, está mal. Vamos de nuevo, pienso, luego pienso, luego pienso, luego pienso, la que lo parió no me sale nada. Luego pienso, luego pienso, luego tengo que comprar jabón de tocador. No, no da. Pienso, luego pienso, luego pienso, luego… ¿exijo? No funciona. Pienso, luego simplifico. Tampoco. Debería de ser un verbo. Luego canto, luego suplico, luego voto, ¿luego boto? A lo mejor es el primer verbo el del problema. Exijo, luego existo. Quiero, luego existo. No, tampoco me convence. Hago las compras, luego existo. Menos. Fumo, luego existo. Canto, luego existo. Robo, luego existo. No, definitivamente el primer verbo estaba bien. El problema es el segundo verbo. Pienso, luego… luego… emmm… luego… Pienso, luego… Pienso, pienso, pienso. Luego… luego… ¿qué hago luego? Me rindo.
Y así fue como Descartes se quedó con la primera idea.

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