Billy vestía todos los días la misma ropa. Queda en ustedes imaginarse el estado de una remera de uso continuo durante tres largos años sin lavarse. La gente solía quejarse de su desdichado vestuario, resultado del abandono extremo, arrugando la cara al pasar por al lado. Algunas personas hasta llegaron a desmayarse a causa de la peste que despedía. En cuanto a él, poco le molestaba ya que había perdido el sentido del olfato mucho tiempo antes y de más está aclarar el por qué. Todas las noches al acostarse, Billy dejaba las zapatillas acomodadas debajo de la cama. Se sacaba el pantalón para después llevarlo al lavarropa. Hacía el mismo trabajo con las medias y por último, se sacaba la remera. Luego metía sus dedos en el pupo, y extraía la pelusa que se había formado dentro. En tres años ya había recolectado dos kilos de pelusas de oro.
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