8/01 - Hiugffet.

Para algunos puede llegar a ser una molestia, una gran desgracia. Para mí, no es otra cosa más que un don, una virtud, una suerte, un magnánimo poder digno de cualquier x-men. Pero basta de introducción y vamos al grano. El poder con el que me dotó la sabia naturaleza, es el de lograr generar un peligrosísimo olor a pata. Cuando me saco las zapatillas, mi olor a pata viaja a cientos de kilómetros por hora en un perímetro de 5 kilómetros a la redonda, para luego avanzar a paso lento, a unos 50 kilómetros por hora durante 5 kilómetros más y desvanecerse por completo llegado los 15 kilómetros desde su punto de partida. Lamentablemente, todavía no puedo manejar concientemente mi poder. El día que pueda controlar su dirección y la dosis de olor a pata, me pondré una máscara, también una capa, y me haré llamar hiugffet. Abstenerse, malhechores.

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