11/04 - La sangre de Jorge.

Jorge fue un niño suertudo. En la edad en que el ser humano es mucho más propenso a las lastimaduras, él no padeció ni un arañazo de gato. Toda su niñez fue inmune a los golpes en la cabeza que tatúan grandes cicatrices, inmune a las caídas en bicicleta, inmune a los cuchillos filosos, inmune los malvados marcos de las puertas que viven sedientos de aplastar los diminutos dedos de los infantes. La lista sigue pero es inútil dar más ejemplos. Jorge fue un consentido de la vida y nunca perdió una gota de su sangre. Paradójicamente, fue lo que lo llevó a la tumba. Ya habiendo vivido y disfrutado algunos de los placeres de la vida, Juan se pinchó con un alfiler queriendo zurcir un calzoncillo. Un pequeño pinchazo fue el detonante del volcán de sangre que emanó de su dedo índice hasta dejarlo sin ninguna gota de vida.

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