27/04 - Reclamo.
El doctor Uribarrea, después de un gran esfuerzo en el quirófano para salvar una vida, cayó preso de la desilusión. “Fue un milagro de dios”, decían los familiares del paciente que acababa de tener una segunda oportunidad en la vida. Indignado, el doctor fue hasta su consultorio y llamó a dios por teléfono.
-Hola, habla el doctor Uribarrea. ¿Se encuentra dios?
-Sí, ahí se lo paso.
Después de un angelical tono de espera, apareció una voz grave.
-Doctor Uribarrea, qué se le ofrece.
-¿Cómo sabe que soy yo?
-Me lo dijo la secretaria.
-Es verdad. Bueno, yo le llamaba para quejarme.
-Quéjese tranquilo. Lo escucho.
-Los familiares del paciente al que acabo de salvarle la vida, le agradecieron a usted, y no a mí, que dediqué toda mi vida a estudiar medicina e indiscutiblemente, resolví esta situación. Quiero que me devuelva el mérito.
-Imposible Doctor, tengo una reputación que mantener.
-Hola, habla el doctor Uribarrea. ¿Se encuentra dios?
-Sí, ahí se lo paso.
Después de un angelical tono de espera, apareció una voz grave.
-Doctor Uribarrea, qué se le ofrece.
-¿Cómo sabe que soy yo?
-Me lo dijo la secretaria.
-Es verdad. Bueno, yo le llamaba para quejarme.
-Quéjese tranquilo. Lo escucho.
-Los familiares del paciente al que acabo de salvarle la vida, le agradecieron a usted, y no a mí, que dediqué toda mi vida a estudiar medicina e indiscutiblemente, resolví esta situación. Quiero que me devuelva el mérito.
-Imposible Doctor, tengo una reputación que mantener.
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