13/07 - Que llueva.

Después de desesperados intentos fracasados, se ideó el más fantástico plan que a nadie jamás se le haya ocurrido. Antes de avanzar en la historia, es necesario contar que Argalaminda era un pueblo agrícola que poseía las tierras más fértiles de la zona. Pero todo lo bueno tiene su final. De golpe y porrazo, las lluvias dejaron de visitar a Argalaminda. Primero se intentó persuadir a dios con súplicas, pero la lluvia siguió ausente. Luego se probó con cánticos indígenas, y no dio resultado. También se trató con bombas de hidrógeno en las nubes pero nada trajo de vuelta la lluvia hasta que el más anciano propuso la más tonta de las ideas. Se les pidió a los habitantes del pueblo que hagan cosas inusuales, cosas que no acostumbraran a hacer, para poder conseguir así un cambio meteorológico. En Argalaminda llovió, cuando todos dejaron de alardear sobre sus fértiles tierras.

1 comentario:

Esteban Dublín dijo...

¿Es decir que la fertilidad de Argalaminda está directamente relacionada con las actitudes de sus habitantes?

Mierda. ¡¿Por qué no se me ocurrió a mí?!