27/07 - Primer paso.

Cuando me volvió a ignorar, como tantas veces ya lo había hecho, tomé aire, llené mi pecho de valor, me dirigí hacia ella y sin siquiera saludarla, le toqué una teta. Eso fue lo único que hizo que me registrara. Tuve un poco de suerte, no lo niego. Ese acto estúpido denotó seguridad, admiración hacia su anatomía y un cierto grado de rebeldía ante los estandartes que impone la sociedad en temas de buenos modales. Al menos eso es lo que ella más tarde me comentó sobre lo que había sentido ese día. Donde cualquier mujer hubiese visto un mocoso pervertido maleducado, ella vio un futuro y prometedor discípulo del amor. Más grande ella que yo, me enseñó a comportarme como un verdadero caballero, a quererla y a respetarla. Y así fue, así se dio y así se va seguir dando hasta el día en que la muerte nos separe.

1 comentario:

Víctor dijo...

La balanza se inclinó del lado del matrimonio. Aunque yo no quiero intentarlo porque seguro que se inclina del lado de la bofetada en la cara.

Saludos lelos!!!