22/07 - Reencuentro.
La sinceridad fue lo primero que noté desde que lo volví a ver. Una sinceridad a la que me había desacostumbrado durante ocho años, reapareció cruda y en su estado natural. Por momentos casi molesta. “No somos iguales y no nos conocemos tanto como antes”, nos dijimos a los ojos, cada uno con sus palabras. Un poco de miedo y otro tanto de vergüenza hicieron pesar nuestras caras, las cuales miraron unos segundos hacia abajo, inmersas en un silencio que más que incómodo, fue reflexivo. Nada de qué preocuparse, pensamos a coro. La estructura que estaba abandonada y que el tiempo había convertido en tapera, lejos de ser una analogía, no tardó más de unas cuantas horas en repararse, virtud de las sólidas columnas donde estaba fundada. Acomodamos lo olvidado y hablamos de lo nunca hablado. Al rato, dejábamos de ser amigos y volvíamos a sentirnos como hermanos.
Gracias Migue.
Gracias Migue.
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