3/07 - La perfumada asquerosidad.

Los males de amores son los más dolorosos; incluso más dolorosos que la muerte y ambos tardan en cicatrizar. Pero el verdadero problema es cuando se muere la persona a la que se ama. En ese caso no hay hilo que cosa tal herida ni tanque que almacene las lágrimas. Diséfalo fue uno de los que sufrió esas malintencionadas injusticias azarosas. Cuando su mujer dejó de vivir en este mundo, Diséfalo comenzó a encontrar la anestesia del dolor en el alcohol y todos los días amanecía sedado por la magia de la resaca. Era lunes cuando se encontró con el perfume de su mujer en la cómoda que todavía no había sido tocada y sobre la cual yacía el polvo del descuido. Ante la falta del sedante a mano, Diséfalo no dudó en emborracharse con ese aroma que le traía tantos recuerdos. Desde ese lunes, su vómito revive a Griselda.

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