17/07 - La vaca que aprendió a volar.

Volar, ese era el deseo de la vaca Carlota. Y como todos sabemos, cuando el deseo es verdadero, no hace falta más que tener un recuerdo feliz, concentrarse en él y empezar a levitar como por arte de magia. Así hizo Carlota y no tardó en darse cuenta que estaba flotando en el cielo. Cuando aprendió a manejar su nueva habilidad, salió a recorrer el mundo. Lo que Carlota nunca imaginó, fueron las vastas consecuencias que trajo aparejado su logro, puesto que todas las personas que la vieron realizar tan inmensa hazaña, tuvieron que cumplir con la promesa que tenían que realizar “el día en que las vacas vuelen”. Para cerrar esta historia me gustaría contar el más común de los casos, que es el de Cristian quien como muchos otros, tuvo que devolver el dinero que le habían prestado, el día que vio pasar a Carlota agitando sus patas.

3 comentarios:

Fernando Ramos dijo...

Bonito experimento. Aunque creo que poner límites, limita un poco, jeje.

Saludos

Walter Giulietti dijo...

Gracias Fernando.

Sin dudas tenés razón.
Muchas veces, y de eso estoy seguro, los cuentos se ven afectados en la prosa por culpa de las 150 palabras. Es algo que ahora lamento.
De todas formas le estoy sacando el jugo. Este laburo me ayuda mucho a la relectura de lo escrito y a experimentar con idénticas ideas en diferentes oraciones.

El Desubicado de Siempre dijo...

Dicen que el toro que le hecho un polvo a Carlota era apodado Campanita... :P
¡Pobre toro terminó en el matadero colgado del Garfio!