1/10 - Recuerdos mal recordados.

Andrés metió la mano en la oreja, sacó el recuerdo de su cabeza, lo puso en el microscopio y comenzó a analizarlo en detalle. Se vio en el banco de la plaza. Hizo un poco más de zoom con el microscopio y alcanzó a divisar los detalles más pequeños. Pudo ver que tenía los auriculares puestos y cómo el viento había cambiado su peinado. Le dio más zoom al microscopio y vio lo que estaba pensando en el recuerdo que estaba analizando. Luego alejó la lente y la movió hacia la chica que estaba por pasar por delante del banco. La siguió con atención e hizo zoom hacia sus grandes y azules ojos justo en el momento en que ella desfilaba delante suyo. Después de analizar esa fracción de momento miles de veces, llegó a la triste conclusión de que la chica no lo había mirado como él lo recordaba.

30/09 - Los ratones de la casa.

La casa estaba apestada de toda clase de roedores. Era un gran edificio, su historia era tan grande como su estructura y el inmenso tamaño servía únicamente para albergar a una enorme cantidad de ratones. Los bichos ocupaban la casa desde un primer momento y tenían absoluto control y poder sobre ella. Hacían lo que querían sin importar nada. Todas las alimañas respondían a un único ratón que reinaba sobre las baldosas de la casa y lo obedecían en cada uno de sus insensatos mandatos. Pero eso no es todo, el ratón también ambicionaba el territorio que excedía de los límites de su poder y sin ningún escrúpulo dictaba legislaciones, constituciones y ordenanzas que perjudicaban la vida de todos los ciudadanos que vivían fuera de su casa. Un día llegó un buen hombre tocando su flauta e hipnotizó a todos los ratones haciéndolos salir de la casa, que era rosada.

29/09 - Necesito un pulmón.

Su vida peligraba y ante la ausencia de donadores de pulmones, salió a buscar uno él mismo. Se desconectó los tubos y agujas a los que estaba enchufado y levantó lentamente su cuerpo de la cama. Hizo un esfuerzo sobrehumano pero el empeño y la tenacidad ante su objetivo fueron tan grandes que opacaron el dolor de la carne. Salió del hospital con su pijama blanco, sin siquiera cambiarse y con el paso lento que le corresponde a un enfermo terminal. Caminó hasta la esquina de una cuadra transcurrida del centro y se sentó al costado de un edificio con un cartel que decía “Necesito un pulmón”. Mientras tanto, en el hospital todos estaban preocupados y ocupados en encontrar al enfermo terminal que estaba a la espera de un órgano para ser operado, cuando de repente lo vieron llegar moribundo. Detrás de él le seguían unas cinco personas bien predispuestas.

28/09 - La lágrima.

La lágrima estaba a la izquierda del ojo derecho. Espiaba y miraba curiosa hacia abajo. Se la podía ver bien al costado, peligrando pero cuidándose, agarrada fuertemente como para no tropezarse y caer. Los parpadeos sollozos eran una constante amenaza y la pera temblante la tentaban al suicidio. Se notaba la fuerza que hacía para aferrarse a las húmedas pestañas y al mismo tiempo, eran increíbles las ganas que sentía de tirarse hacia abajo porque para eso había nacido: para dejarse deslizar y morir triste y sola a lo largo de la cara de su creadora. Ese era su destino, el de saltar rendida e ir desintegrándose y perdiendo fuerza hasta desaparecer por completo a mitad de su recorrido, ahogada en un pañuelo áspero y seco. La mujer vio que tapaban el cajón y la lágrima no aguantó. Se soltó consciente y junto a ella le siguieron otras miles más.

27/09 - Hambre.

Tenía hambre, no tenía nada en la heladera y me daba muchísima pereza ir a comprar algo. De todas formas el apetito me pudo y no me quedó otra que desistir a mi desgana. Fui a la habitación, más precisamente debajo del colchón y saqué un billete de cinco pesos como para comprarme unas masitas, pero antes de salir de casa se me ocurrió una idea. Esa fue la primera vez que me alimenté con dinero. Desde ese día como todo tipo de billetes. Los de dos pesos los uso a modo de picada, a los de diez y los de veinte los uso para el almuerzo y a los de cincuenta y cien, los como en casos especiales. Me habían dicho que era algo excéntrico comer guita, pero lo que nunca me dijeron fue que los billetes eran adictivos. Ahora sólo trabajo para comer, no pienso en otra cosa.

26/09 - La vereda de los jubilados.

A la salida del trabajo me fui derecho a casa, pero para variar fui caminando. Y para sorprender aún más al destino decidí caminar las calles por donde nunca paso. Una aventura, si tenemos en cuenta que haciendo un cálculo por arriba hay como medio millón de combinaciones entre mi oficina y mi casa. Cuestión que agarré Urquiza derecho pensando en llegar hasta el río para después bordearlo y subir hasta mi casa por Laprida, pero antes de llegar al río vi una vereda llena de jubilados afuera de sus casas. Todos tenían una musculosa blanca y una boina. Todos apoyaban sus dos manos en un bastón y todos estaban sentados en una silla de madera. Al lado de cada silla había una radio que emitía la misma emisora AM. Conté unos treinta ancianos que parecían estar plantados en las veredas como si fueran flores. Voy a pasar más seguido.

25/09 - La gente buena.

El problema es que la gente buena no es mala. Si la gente buena se pudiera dar el lujo de ser mala, al menos una sola vez, podría combatir a la gente mala. Pero no, la gente buena es tan buena, tan estúpidamente buena que incluso deja que la gente mala les tome el pelo. “Pobres, no saben lo que hacen”, dice la gente buena refiriéndose a la gente mala mientras éstos últimos meten la mano en el tarro y les roban descaradamente en la cara a la gente buena. Pero la gente buena es tan buena, tan tontamente buena, que no dice nada. Una vez, la gente buena se cansó de que la gente mala les metiera la mano en el culo, así que salieron a protestar a los balcones. La gente buena se puso a golpear fuentes y cacerolas, y la gente mala se despanzó de la risa.

24/09 - Llamar la atención.

Hace poco conocí a un hombre en una fiesta. Desde el principio llamó mi atención porque obviamente ese era su cometido: hacerse ver. La voz fuerte y la risa exagerada de este señor despertaban no sólo mi interés sino también el de la mayoría de los integrantes de la fiesta. A algunas personas les caía bien pero muchos otros lo juzgaban mal. De todas formas se notaba que eso no le importaba puesto que obviamente, el objetivo del hombre era, como ya mencionamos anteriormente, llamar la atención. Pero llegó un momento de la noche en el que todos se olvidaron de la riza exagerada y la voz resaltante, las miradas y comentarios dejaron de pertenecerle al hombre extravagante y empezaron a pertenecerme a mí, que muerto de envida había decidido esforzarme al máximo para que mi risa sea mucho más llamativa que la del hombre, y mi voz más potente.

23/09 - Clasificados.

Estaba solo y aburrido cuando lo hizo por primera vez, aunque todavía no sabe si lo hizo porque estaba solo o porque estaba aburrido, pero lo cierto es que agarró el diario y buscó el clasificado. Llamó y lo atendió una mujer con una voz claramente forzada intentando ser seductora, le preguntó sobre el servicio, le pidió presupuesto y después de averiguar, cortó. Volvió a levantar el tuvo y marcó el mismo número, se anunció como “Oscar, el que llamó recién” y le pasó la dirección para que pasara por su casa. Se sentó a esperar hasta que tocaron el timbre. Abrió la puerta de entrada y por la voz de la mujer se dio cuenta que era la misma con la que había negociado el encuentro. Luego de hacer lo pactado la mujer se retiró. La historia se repite en cada detalle cada vez que está solo. O aburrido.

22/09 - La mujer más hermosa del mundo.

La mujer de la que voy a hablar tiene un nombre, el cual me lo voy a reservar para no generar falsas especulaciones ni divagaciones baratas. Tiene un color de pelo, como todo el mundo, pero ese es otro detalle sobre el que tampoco voy a hablar y como se vendrán imaginando, tampoco voy a mencionar mucho de sus ojos, simplemente decir que son lindos, pero la belleza es una particularidad que se le puede otorgar incluso a las más feas de las mujeres. Nadie va a poder imaginarse su cuerpo porque no tengo intenciones de escribir absolutamente nada de su cola, de sus senos o de sus piernas. Su color de piel también va a ser un misterio para ustedes. Lo único que les voy a dejar saber es que es la mujer más hermosa del mundo, es la única pista que necesitan para imaginarse de quién estoy hablando.

21/09 - El hombre del 21 de septiembre.

Obsesionado con el día de la primavera, calculó toda su vida para que los momentos importantes se dieran en esa fecha. El primer acontecimiento importante, el día en que festeja su cumpleaños, se dio por pura casualidad y desde ese día en adelante todos los sucesos fueron impuestos. Empezó a fumar el 21 y dejó un 21. Todos sus trabajos los comenzó el 21 de septiembre y renunció a ellos habiendo pasado exactamente uno o dos años. Ni un día más, ni uno menos. El 21 de septiembre se puso de novio, haciéndola esperar a su novia dos meses y unos días para que la fecha entrase dentro de su paranoia. Se casó también el 21 y calculó tan perfectamente el momento de la fecundación, que sus dos hijos cumplen los años el mismo día que él. A estas alturas, no hace falta decir el día en que decidió morir.

20/09 - El granadero comprometido.

Era el granadero más serio que jamás haya existido. Era tan serio y hacía tan bien su trabajo de estatua de granadero que su profesión siempre fue pararse a los costados de las puertas de los edificios patrios. El granadero podía soportar las situaciones más delirantes y graciosas sin siquiera hacer una mueca, y su inmovilidad no era interrumpida ni siquiera por las molestas moscas de verano que conscientes de la obligación del hombre, aprovechaban para divertirse paseando por su nariz, probando la indiscutible habilidad del granadero hasta que se cansaban e iban a molestar a otro lugar. El granadero se había acostumbrado tanto a su trabajo que incluso permanecía inmóvil en sus ratos libres. Se había acostumbrado tanto a su seriedad de granadero que cuando sentía ganas de reír, se aguantaba. Únicamente en su lecho de muerte se dio el lujo de mover un dedo y emitir una sonrisa.

19/09 - Amor por conveniencia.

Ella lo esperaba todas las noches, ansiosa por el encuentro. Se veían a escondidas en el campo para que nadie supiera de la fantástica historia de amor que estaban viviendo. Él, en cambio, sentía cierto miedo al tener que enredarse con ella, la más bella de todas, la más suave y cariñosa, la más silenciosa, la más prohibida. Sus vidas eran extremadamente distintas y la relación nunca se podría haber dado si no hubiesen contado con la clandestinidad de la noche donde las estrellas son las únicas testigos. Él era puntual y cuando llegaba al lugar acordado desde hacía ya unos meses, ella siempre estaba ahí, demostrando fidelidad y entrega. Pero lamentablemente él nunca pudo saber si en realidad la amaba, si la quería como ella se merecía ser querida o si simplemente era una joven y bella oveja que le servía para calmar su desesperante condición de campesino solitario.

18/09 - 150 años en 150 palabras.

Esquiladora, máquina de escribir, teléfono, fonógrafo, motor de cuatro tiempos, lamparita, automóvil, bicicleta de pedales, gramófono, ascensor eléctrico, rayos x, radio, periscopio, motor diesel, motor eléctrico compacto, zeppelín, tractor, frenos de disco, máquina de hacer botellas, electrocardiograma, cinturón de seguridad, lavarropas, modelo nuclear del átomo, acero inoxidable, heladera eléctrica, cremallera, semáforos luminosos, limpiaparabrisas, secador de pelo, televisor, tostadora, caucho sintético, antibióticos, motor a reacción, guitarra eléctrica, grabaciones estéreo, polietileno, nylon, radar, café instantáneo, fotocopiadora, bolígrafo, aerosoles, reactor nuclear, microondas, calculadora electrónica, computadora, transistor, long play, neumáticos radiales, tarjeta de crédito, central nuclear, plancha de vapor, velcro, video cámara, satélite espacial, lycra, teflón, satélite de comunicaciones, video casetera, procesador de textos, avión jumbo, reloj digital, video juegos, códigos de barras, computadora personal, walkman, catalizadores para automotores, cubo de rubik, trasbordador espacial, papeles autoadhesivos, tarjeta inteligente, corazón artificial, discos compactos, realidad virtual, fusión nuclear, celular, videoconferencia, Internet, google, wikipedia, twiter, blog, cientocincuentapordia.

17/09 - Restaurante de duendes.

Lejos de ser un restaurante atendido por duendes, era un restaurante donde todos los platos se preparaban con duendes. Así como existe un restaurante especializado en comida vegetariana o un restaurante donde sólo se sirven pastas, existió en un tiempo un famoso restaurante que se especializó en servir una gran variedad de platos preparados con la sabrosa carne de los duendes. Viajeros de todas partes del mundo pagaban fortunas para probar el exquisito y refinado sabor del muslo de duende con papas noisette. Otros de los platos más buscados eran la milanesa de lomo de duende con puré, las empanadas o tartas de duende, duende asado, el duende al disco salteado con vegetales, las albóndigas de duende y muchísimos platos más. El duende se convirtió en un producto altamente buscado y no tardó en ser una especie en peligro de extinción que se vio obligado a esconderse del ser humano.

16/09 - El hombre esclavizado.

La sombra de una persona no puede hacer muchas cosas. Siempre esclavizada al objeto del cual se desprende, no tiene mayor libertad que la de imitar las siluetas. Pero existió una vez un caso bastante particular, único sin lugar a dudas. La sombra de Martín a simple vista era una sombra como cualquier otra, puesto que parecía copiar las acciones de su dueño, pero en realidad era todo lo contrario. Martín no era dueño de su sombra sino que la sombra era la dueña de Martín, quien era manejado como un títere. La sobra no obedecía al hombre sino que era el hombre quien obedecía a la sombra. Martín no tomaba el desayuno porque quería, sino que era su sombra la que le obligaba a tomar el desayuno. Los únicos momentos en que él era libre, se daban cuando su sombra le dejaba apagar la luz para ir a dormir.

15/09 - La caja mágica.

Los límites de mi mundo son particularmente extraños. Puedo ver que la vida continúa del otro lado, puedo ver claramente que hay muchísimo espacio delante de mis ojos pero existe una especie de pared invisible que no me permite el paso. Hace tiempo que intento escapar pero los continuos fracasos me hicieron dar cuenta de que estoy encerrado en un mundo sin salida, una especie de caja cuadrada mágica que me muestra constantemente las prometedoras aventuras de lo que está del otro lado, haciéndome desear la libertad y al mismo tiempo aislándome completamente de ella. Pero no solo las paredes son mezquinas, el piso también es parte de la broma macabra en la que estoy viviendo, puesto que aunque se camufle debajo de una capa de aserrín, el suelo también es un obstáculo indestructible que eliminó desde el primer intento mi idea de esquivar los muros invisibles haciendo un túnel.

14/09 - La anaconda hambrienta.

Una vaca entera apartada del sol perdía la vida dentro del cuerpo de una inmensa anaconda, la cual se enrolló fuertemente en el tronco de un árbol para emparejar su largo y desfigurado cuerpo que había adquirido la forma de su víctima. Al otro día, cuando los 25 metros de largo habían vuelto a la normalidad, volvió a sentir hambre y tuvo que desayunarse un caballo junto con su jinete. Pero el bocadillo no alcanzó para saciar el apetito colosal que apremia a una anaconda de ese fantástico tamaño, y a lo largo del día se dedicó a adquirir las calorías necesarias para su subsistencia. Encontró un cocodrilo y lo comió en el almuerzo. Luego aprovechó una pareja de monos en la merienda. Llegada la hora de la cena, habiendo ya digerido a los desdichados mamíferos y sin encontrar presa adecuada para saciar su hambre, decidió comerse a sí misma.

13/09 - El niño quejoso

Vos no sabés lo que se siente -le dijo el niño a su madre- yo me tengo que levantar todas las mañanas para ir al colegio, lavarme la cara y desayunar. Estar atento todo el día adentro de un salón lleno de pibes, salir a jugar en los recreos y divertirme, pero temiendo que se cumpla la hora de volver a casa y tener que hacer las tareas. Fijate que casi no tengo tiempo de mirar tele o jugar a la play tranquilo. Así son todos los días de la semana, mamá. Y los chicos me cargan por el corte de pelo que me hiciste. Aparte, ni siquiera puedo tomar decisiones de nada porque vos estás todo el tiempo decidiendo por mí. Me elegís hasta los calzoncillos que me pongo. ¿A vos te parece que esto es vida? -se quejaba el niño sin saber la que le esperaba de grande.

12/09 - Autobiografía de la garrapata de barbas rojas.

Soy garrapata de espíritu aventurero y aunque la palabra tenga interpretaciones negativas, no me avergüenzo de llamarme también pirata. Pasé mi niñez en un pequeño poblado ubicado en el lomo de un perro policía callejero hasta que me escapé de mi hogar para buscar mi propio destino. Viajé de perro en perro aprendiendo los grandes secretos de la vida y terminé por convertirme en una sabia garrapata de barbas rojas. Entre mis innumerables virtudes de parásito he podido desarrollar una muy especial: la de controlar el huésped en el que habito. Hace muchísimos años atrás descubrí que al fijarme en la primera vértebra de los perros, podía acceder al control total de todos los músculos de mi víctima. Así cabalgué durante largo tiempo, paciente, perfeccionando mi poder y preparándome para este momento. Hoy me decidí por un nuevo huésped de mayor tamaño. Ahora lo estoy obligando a escribir mis crónicas.

11/09 - División de bienes.

No importa tanto narrar el motivo por el cual se pelearon, simplemente es necesario mencionar que la pelea fue fuerte, que la culpa fue de los dos y que el final fue contundente y de decisión mutua. Separarse era lo mejor. Los dos, inteligentes, optaron por dejar afuera a los abogados y hacer las cosas justas dividiendo todo a la mitad. Haciendo uso de una motosierra, empezaron por la habitación y dividieron la cama por la mitad, cortando también el colchón, las sábanas y la almohada. Le siguieron las mesitas de luz y también partieron al medio el ropero. Así continuaron con el resto de la casa cortando todos los objetos a la mitad. La tele, la mesa, el sofá, los cuadros, los libros, y hasta el auto. El trabajo finalizó cuando llegó la hora del hijo. Él marcó la línea divisoria con un fibrón, y ella procedió al corte.

10/09 - La fanática endeudada.

La fanática, habiendo ya tirado un osito de peluche perfumado al escenario, un par de aritos, una bincha y un collar, se quedó sin nada para arrojarle a su ídolo. Mientras tanto, el cantante no se daba cuenta que su voz, sus versos y su belleza aumentaban la euforia de la chica y ella, desgraciadamente, no tenía más nada para recompensarlo. Los gritos desesperados de la mujer se convirtieron en una catarrosa voz sin fuerza y al no poder hacerse escuchar, se siguió sintiendo en falta. Decidió tirar su corpiño. Luego completó el conjunto tirando la bombacha. Al ver que eso tampoco era suficiente, le tiró el vestido, las medias y las zapatillas. Pero la fanática quería entregarse por completo a su ídolo. Se arrancó la mano izquierda y la arrojó al escenario. Le siguieron las piernas, las tripas, el pulmón, el páncreas, el hígado y por último, el corazón.

9/09 - El vecino envidioso.

Orlando vivía su vida para envidiar a la del vecino y codiciar sus pertenencias. Lo odiaba por tener la esposa que tenía, el auto, la pileta, los hijos, todo. Ciego por el aborrecimiento que le producía lo que no le pertenecía, decidió atacar. Cruzó la calle, sigilosamente entró a la casa del enemigo y lo raptó sin que nadie escuchara nada. Lo llevó a su casa, le cortó la tapa de la cabeza con la precisión de un cirujano profesional y le sacó el cerebro. Luego se extrajo su propio cerebro con igual meticulosidad, lo colocó en la cabeza del vecino y zurció. Después de haber realizado con éxito el transplante, roció su casa con combustible y la prendió fuego para quemar la evidencia y el pasado. Volvió a cruzar la calle y le dijo a su mujer que llamara a los bomberos porque se incendiaba la casa de Orlando.

8/09 - El hada.

El hada se asomó por la ventana de la habitación de la niña. Era chiquitita, del tamaño de una muñeca de juguete y tenía puesto un vestido largo y blanco. Llevaba unos zapatos de taco del mismo color que el vestido y una vincha, también blanca, la cual sujetaba su cabello que aunque suene redundante, también era blanco. Las alas eran transparentes, se movían con la velocidad de las de un colibrí y a medida que se desplazaban desprendían una estela de polvo brillante y dorado que no tardaba en desvanecerse. En su mano llevaba una varita mágica de color plateado. La niña nunca había visto algo tan extraño y bello. El hada golpeó la ventana de la niña para que la dejara entrar y la niña se levantó de la cama, abrió la ventana y atrapó el hada encerrándola en un frasco de vidrio sin agujeros en la tapa.

7/09 - Los granos de Matilde.

A Matilde siempre le salieron granos en la cara. Aunque pensándolo bien me permito una corrección. A Matilde siempre “le nacieron” granos en la cara. Pero los granos de Matilde fueron especiales. En su cara nunca aparecieron más de cinco a la vez y todos ellos tuvieron un notable proceso de crecimiento y evolución. En un principio se le producía un pequeño elevamiento circular y rojizo en la piel que con el tiempo iba creciendo desde el centro, tomando la forma de un volcán. Cuando el grano llegaba a los dos centímetros de altura se le empezaba a notar un color crema en la punta que revelaba el final del proceso y el punto de maduración. Ese era el momento que Matilde aprovechaba para reventarlos pero al hacerlo, en vez del asqueroso pus que le sale a la gente normal, a Matilde le salían volando unas hermosas y coloridas mariposas.

6/09 - Lo último que me queda.

Alejandro trabajaba en la fábrica del Sr. Burgton y a cambio de todo un mes de trabajo forzado recibía unos escasos chelines que apenas le alcanzaban para alimentarse. Cansado del maltrato y la pobreza, Alejandro se jugó a todo o nada. Un día aprovechó para poner un tablón sobre dos caballetes en la vereda y colocar un cartel en el que se leía lo siguiente:
“Vendo lo último que me queda”.
Así, antes de perderlos, Alejandro puso en venta sus valores más preciados. Los resultados fueron abundantes y provechosos. A un precio más que conveniente el chico consiguió vender su dignidad, su esperanza y sus sueños en una sola tarde. Con el dinero que recaudó con la venta, aprovechó para comprar la fábrica del Sr. Burgton y tomarlo como empleado para no demostrar rencores, recuperando así todas las pertenencias que había vendido y generando además un ingreso extra para subsistir.

5/09 - Aniversario.

Alfredo llegó a su casa con cinco bolsas de supermercado cargadas con todos los ingredientes que iba a utilizar para preparar la cena. El festejo, como la mayoría de los festejos sólo se daba una vez al año y todo tenía que salir a la perfección. Colocó el Sauvignon Blanc en la heladera para que esté a la temperatura justa a la hora de cenar y con gran dedicación y entusiasmo cocinó durante tres horas seguidas. Al mismo tiempo se ocupó de ordenar un poco y de preparar el clima de la casa. Colocó un mantel blanco sobre la mesa y ubicó la bajilla de plata. Prendió dos velas en el medio de la mesa y puso un poco de Miles David para que sonara de fondo. Cuando dieron las diez de la noche ya todo estaba listo para la velada ideal. Así festejó Alfredo su tercer año de divorcio.

4/09 - Intento.

Después de ocho años de convivencia, la pareja estaba quedándose sin magia. Las cosas se venían opacando y el fuego se apagaba lenta pero constantemente y no se les ocurría nada para reavivarlo. Probaron con posiciones nuevas en la cama y libros de autoayuda, con sacar el televisor de la pieza y hasta con cenar comidas afrodisíacas pero nada daba resultado. Incluso algunos intentos no solo fracasaban sino que empeoraban las cosas. Sabían que el tiempo se les estaba terminando y presentían que el final de la relación estaba cerca. Así, intentando remontar vivieron toda su vida. Podrían haberle puesto fin a la relación en ese primer momento de decaimiento, también a los veinte o treinta años de estar juntos, pero se dieron cuenta de que habían intentado amarse tanto tiempo seguido, que aprendieron a quererse en esa obsesión constante de quererse cada vez más. Murieron de viejos, felices, intentando.

3/09 - Violación del tercer tipo.

Era de noche cuando Amalia volvía a su casa. La calle estaba desolada y el silencio sólo era interrumpido por el maullido alejado de un gato en celo. Conciente del peligro de la inseguridad que reina en las calles, Amalia llevaba en su mano derecha un aerosol para defensa personal que de nada sirvió ante los ojos violetas del atacante. Uno de los brazos del individuo se encargó de desarmarla mientras que al mismo tiempo, los otros seis brazos se ocuparon de inmovilizarla y taparle la boca para impedirle pedir auxilio. El violador abdujo a su víctima hasta un callejón oscuro haciendo uso de los diez tentáculos que utilizaba para desplazarse y cuando estuvo a resguardo de los ojos ajenos, aprovechó para abusar sexualmente de la mujer. El alienígena la penetró con sus lenguas verdes incontables veces hasta que Amalia, cansada de resistirse, se entregó por completo a la muerte.

2/09 - Los hombres invisibles.

Lo primero a lo que se acostumbra un hombre invisible que no quiere ser visto, es a la desnudez. Esto se debe simplemente a que el factor ropa delataría su posición. Acto seguido, a lo segundo que se acostumbra un hombre invisible que no usa ropa y que se cuida de no dar señales de presencia, es a no ser visto. Como consecuencia, los hombres invisibles tienden a desarrollar una falta total de actividades sociales y a olvidarse por completo de cómo relacionarse con otras personas. Las anteriores son también las principales causas de que los hombres invisibles sean tan antisociales cuando vuelven a ser visibles. Yo mismo fui un hombre invisible durante unos veinte años y un día perdí mi preciado poder. Por desgracia no hubo forma de recuperarlo pero sí de suplantarlo. Automáticamente cambié la desnudez por un traje con corbata, y aprendí a camuflarme en la multitud.

1/09 - El príncipe y la doncella.

Había una vez un príncipe azul, el más hermoso de los príncipes. Pero no todas las historias de príncipes azules hablan de proezas heroicas con finales apasionantes. La leyenda cuenta de un príncipe azul que había decidido no desposarse hasta encontrar el amor verdadero. Poco sabía de cómo encontrarlo pero se ve que bastante sabía de cómo reconocerlo puesto que un buen día, su corazón latió con más fuerza de lo normal al ver a una hermosa doncella de cabellos dorados. El príncipe, desesperado de amor no tardó en pedirle la mano y la doncella, hipnotizada por el azul del príncipe, no dudó en consentirlo. En la noche del casamiento, cuando se besaron por primera vez, la doncella se desmayó, un tanto por el susto y otro tanto por el asco y la repugnancia que le dio ver a su príncipe azul convertido en un sapo verde lleno de verrugas.